Ante la nueva configuración de la Cali Distrito, líderes campesinos exigen autonomía rural

Mientras la propuesta de hacer de Cali un Distrito Especial se desarrolla, diversos sectores sociales levantan la voz para no verse aplastados en el debate. En este caso, son los campesinos que habitan las zonas rurales de Cali los que se encuentran en una encrucijada. ¿Se repetirá el círculo vicioso de la exclusión política y la negación histórica del campesinado?

Por: Ana Erazo. Santiago de Cali avanza en la implementación de su nueva categoría como Distrito Especial, proceso que ha suscitado la preocupación de varios sectores de la comunidad caleña, quienes no se quieren quedar por fuera de este importante debate. Según la Ley, convertirnos en Distrito Especial nos otorga mayor participación ciudadana. Sin embargo, una vez más parece haber exclusión, en este caso, sobre la nueva división político-administrativa.

El gerente de “Cali Distrito Especial”, Alejandro Becker, ha otorgado a las universidades la tarea de plantear propuestas para la división de localidades. De ahí surgen tres escenarios “que están siendo analizados para llegar a un consenso”, por lo menos, así lo explican funcionarios de la Alcaldía.

Según la explicación de la Alcaldía, estas propuestas se basan en criterios de modelo del POT (UPU y UPR), las unidades espaciales (cuya base son barrios y veredas), las dinámicas urbanas y rurales, la policentralidad, la racionalidad administrativa y fiscal, la distribución poblacional, las características sociales, lo ecosistémico y los territorios multi-estrato. Al cruzar estos criterios, se consolidan los siguientes escenarios:

Sin embargo, algunos sectores seguimos creyendo que a estos criterios les falta un elemento central: la territorialidad, entendida no solo como el territorio, sino como los elementos sociales, culturales y ambientales que cada comunidad construye y que van más allá de la visión economicista del POT caleño.

Los campesinos del corregimiento de la Buitrera, por ejemplo, han realizado dos audiencias públicas en su territorio y, con el apoyo de académicos, construyeron una propuesta alternativa que exige la dependencia rural. La cultura rural y los ecosistemas, son los dos criterios básicos por los que se oponen a una configuración de localidad que mezcle a lo urbano con lo rural. Explicaré entonces las valiosas razones de los liderazgos campesinos.

EL RIESGO DE LA EXCLUSIÓN POLÍTICA Y LA AUTOGESTIÓN TERRITORIAL

Tal como lo explica Jhon Jaramillo, Andrés Caicedo y Marcela Jímenez, una configuración de localidades urbana y rural, podría generar desigualdad y desequilibrio en la participación política, ya que no podemos olvidar que nuestra población se concentra en lo urbano y, aterrizado en términos electorales la votación urbana es más alta, así como la prevalencia en la toma de decisiones.

“[C]onsideramos que no es recomendable para Cali, la propuesta que obliga a que las nuevas JAL sean conformadas por la mezcla de ediles urbanos y ediles rurales. Se convierte en un monopolio y en un trampolín político que no permite la participación de las bases de las diferentes comunidades. Generando desigualdad y desequilibrio en la participación al cargo de edil. Esto somete a la zona rural y la limita de la garantía de la participación, perderíamos el poder de representación de personas con identidad y vocación netamente rural” (Jaramillo, Caicedo y Jímenez, 2019).

En este sentido, tambíen se podría estar limitando la gestión territorial, ya que las politicas sociales enfocadas al territorio deberán marcar la alta diferenciación entre el sujeto que habita en lo urbano y el campesinado. Y esto es lo que realmente más preocupa, pues históricamente el campesinado colombiano ha sido un sujeto olvidado y ahora en proceso de descampenización; es decir, de eliminación de su cultura campesina.

LA VISIÓN ECONOMICISTA Y RECORTE DE DERECHOS SOCIALES

Y es que no gestionar necesidades del territorio implica la imposición de un tipo de tenencia y uso de la tierra, que para el caso de Cali viene avanzando en un ordenamiento del territorio dirigido hacia el uso turístico y minero de la tierra de los 15 corregimientos; su tenencia se concentra en la no devolución de ejidos y/o compra de terrenos por las grandes familias.

La vocación de nuestros territorios rurales se estaría enfocando al turismo y la minería, recordando que la ley de distritos mandata “licitar el turismo” allí donde muchas de las familias de los corregimientos podrían no estar al alcance de grandes empresas turísticas.

Adicional a esto, una división urbano-rural podría limitar los equipamientos para otorgar derechos. Los puestos de salud, los centros educativos y recreacionales, se seguiran concentrando en la ciudad y excluyendo derechos del campesinado.

LO ECOSISTÉMICO

Uno de los argumentos centrales de Jhon Jaramillo es el de los impactos ambientales y ecosistémicos. Jaramillo explica que lo primero que debemos entender es que Cali tiene unas cuencas hidrográficas que no estan siendo tenidas en cuenta al otorgar licencias urbanísticas (como en el caso de las grandes construcciones en la vía a Cristo Rey), cuyo mal manejo en planes ambientales podrían a futuro limitar las corrientes ventosas y afectar la calidad del aire en la ciudad, tal como ya sucede en Bogotá y Medellín.

Además, las malas experiencias en los POMCAS, PORH y PERCALI, podrían seguir afectando el nacimiento de nuestros ríos, su tránsito y desembocadura. El agua sigue siendo un eje fundamental para comprender el territorio.

LA CULTURA RURAL

La visión de ordenamiento territorial enfocado en el turismo, puede significar en un futuro la pérdida del rastro y memoria rural de quienes habitan los corregimientos. Con la mezcla urbana-rural, se estarían transformando culturas campesinas y este es también un elemento fundamental que hoy reclaman los habitantes de los corregimientos, quienes consideran que al implementar la Cali Distrito Especial se debe  garantizar la sostenibilidad de los pueblos futuros en la zona rural:

“La ruralidad de Cali no pierde la memoria ni el rastro del camino para nosotros es fundamental la construcción de nuestra propia identidad cultural y memoria ambiental. Es el rastro de las huellas de los abuelos en las huellas de nuestros hijos. Cali Distrito es para y con la gente, se debe garantizar la sostenibilidad de los pueblos futuros y la zona rural es garantía de ello, siempre y cuando se le respete”.

LA PROPUESTA DE LOCALIDADES RURALES

La propuesta se basa en criterios como la cultura rural, lo ecosistémico y la histórica exclusión política. Expresa que se contemple localidades netamente rurales, cuya base es la forma territorial de las cuencas hidrográficas y el tránsito natural de los ríos, los vientos y la naturaleza.

En este sentido, se consolidarían cuatro localidades: I) Localidad Río Cauca, que comprende los corregimientos de Navarro y Hormiguero. II) Localidad Tres Ríos del Sur (Cuenca Cañaveralejo), que comprende los corregimientos de Pance, Buitrera y Villa carmelo. III) Localidad Río Cali, que comprende los corregimientos de Pichindé, Andes, Leonera, Felidia y Saladito. IV) Localidad Río Aguacatal, que comprende a los corregimientos de La Elvira, la Paz, Golondrinas, La Castilla y Montebello.

A MODO DE CONCLUSIÓN PARA EL DEBATE

Son múltiples los problemas que hoy aquejan a los corregimientos: la minería, la prohibición de agricultura, la falta de garantías para la escrituración pública, la prohibición para vender, ceder o usar tierras, la estratificación de los predios, los sancionatorios por construcciones en zonas protegidas del Parque Natural Farallones de Cali, son algunos por nombrar.

Lo que sigue siendo un debate central es la tenencia y uso de la tierra. No podemos olvidar que en Cali existen ejidos que han sido usurpados por grandes familias, y que a mi consideración, la consolidación de la Cali Distrito Especial y del modelo de ciudad neoliberal, puede pretender legalizar tierra que nos corresponde a todos y todas. Por otro lado, el turismo a gran escala podría subsumir los pequeños negocios familiares del territorio.

El llamado a Alejandro Becker es que no limite la participación de los diversos sectores en la consolidacion de la nueva categoría. La visión economicista que tiene la propuesta de localidades no solo preocupa a los territorios rurales, sino también a las comunidades urbanas que ya vienen realizando un tejido social en la ciudad en zonas como el oriente y otras comunas. Urge nuestra participación vinculante.

Se puede comprender la decisión urgente de consolidar la Cali Distrito Especial, pero una mala distribución de localidades podría no solo romper con el tejido social, sino tambien generar mayor expulsión y segregación politica, social, cultural y ambiental.

Por último, reitero el llamado ciudadano a actuar sobre esta importante decisión. Es el futuro de nuestra ciudad el que estamos construyendo. Ellos imponen su visión económica, nosotros y nosotras debemos imponer nuestra necesidad de derechos hacia una Cali con dignidad.

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Ana Erazo es politóloga y magister en estudios urbanos.