“Qué no nos gane el silencio, la indiferencia y el odio”: ¡Hoy somos Minga!

¿Se ha sentado a pensar en las razones de lo que hoy sucede en el Cauca? ¿Puede asumir como suyas las reivindicaciones de años y años de abandono estatal e incumplimiento? Lo que asusta no es que los empresarios o los policías antimotines no puedan hacerlo. Lo que asusta es que usted o yo, gente como cualquiera del pueblo, no intente hacerlo.  ¡Hoy somos Minga! 

No me asusta el terrorismo de Estado que manda a sus perros de pelea a que muelan con gases y balas nuestra piel indígena, no nos asusta la postura cómplice de Juanita Goebertus y similares o las posiciones parcializadas de los medios de comunicación, pues nunca hemos confiado en ellos, lo que sí nos hiela los huesos del miedo es que ustedes caigan en el silencio y nosotros podamos caer en el olvido y estar obligados a aceptar la injusticia como único destino posible”

Taita indígena del Cauca

Por: Zulma Toro.* En medio de la grave situación por la que atraviesa el Suroccidente de Colombia, surgen muchos sentimientos que espero se conviertan en reflexiones, que son políticas y que también salen de lo más profundo del sentir, muy en la lógica de saber que somos seres sentipensantes. Hoy agradezco al maestro Fals Borda y a los campesinos de la Costa Atlántica que nos regalaron esa palabra.

En medio de las crisis las situaciones se tensan y las posiciones se radicalizan, afloran los peor y lo mejor de las personas. Hoy en Popayán vivimos la polarización (tan propia de nuestra sociedad colombiana), la que nos hemos dejado imponer desde las posiciones más extremas y que no sólo gobiernan el país, sino que se incrustan en lo profundo de nuestros sentimientos. Evidencia de esto son comentarios en redes como: “que despejen la vía y los indios que trabajen, partida de haraganes”, siendo éste de los menos ofensivos, se reconoce el odio al otro como parte de nuestro cotidiano vivir. No sé si son los años de violencia los que nos traen aquí, pero si considero que los discursos de odio e intolerancia de la extrema derecha han calado profundamente en la sociedad colombiana.

Ahora, no somos todos así, muchos nos resistimos a dejarnos llevar por el odio, eso pasa cuando lo atravesamos con el sentipensar, cuando nos abrimos a comprender la realidad; de entender que la situación en Popayán es difícil, saber que no se puede viajar a Cali, o por lo menos no tan fácilmente,  y muchos perdieron sus citas médicas poniendo en riesgo sus vidas, que los productos están subiendo y otros no se consiguen, que es difícil conseguir gasolina y muchos dependen económicamente de sus vehículos, que no hay clase escolar y es difícil tener a los y las niñas en casa. Pero también de no quedarnos sólo con esa realidad, es necesario ir más allá y empezar a hacernos preguntas sobre las razones de lo que hoy está pasando, de no cerrar nuestros oídos a las explicaciones, abrir nuestra mente a la comprensión y de entender el pasado.

Lo que estamos viviendo no se explica quedándonos sólo en el presente ni escuchando una sola voz, menos la voz de los que quieren la violencia (sobretodo porque al fin de cuentas ellos están en la ciudad y no en la vía). En el primer caso, debemos recordar la historia de este departamento, el Cauca, con cantidad de recursos naturales, con gente luchadora, con gran diversidad étnica y cultural, pero donde se ha vivido en la exclusión y el abandono del Estado. Pese a las grandes movilizaciones mucho de esto no ha cambiado, gobierno tras gobierno han firmado acuerdos (con todos los sectores sociales), de los que poco se cumple. Si a esto le sumamos el conflicto armado que han sufrido las comunidades más lejanas, que hoy, a pesar de un acuerdo de paz firmado, no cesa, entonces nos encontramos frente a un contexto complejo y difícil de comprender, que nos lleva a evitar sacar conclusiones a priori.

En el segundo caso, se viene popularizando la idea que los indígenas sólo quieren tierra para no trabajarla, metiendo el dedo en la llaga sobre varias situaciones de conflictos que se han presentado entre sectores sociales en el departamento. Cuando escuchamos esto queremos matar y comer del muerto, desconocemos, por un lado, la relevancia del proceso organizativo, de gobierno y de economía propia de las comunidades indígenas, y, por otro lado, que hoy la Minga del Suroccidente no es sólo indígena, hay organizaciones campesinas movilizadas en la vía, a las que también han golpeado y que otras organizaciones de diferentes sectores (urbanas, estudiantil, campesinas, sindicales) han asumido el principio de la solidaridad, a pesar de los conflictos que se hayan presentado y las diferencias políticas que existen entre las organizaciones, hoy todos somos Minga.

Este texto surge cuando se difunden como un virus artículos periodísticos donde se asume que la opinión de unos es la opinión de todas las personas que habitan Popayán, y es necesario decir muy claro que no es así. No sé si una gran parte de los habitantes de esta ciudad piensan de una u otra manera, pero nunca se debe generalizar posiciones, pues lo que termina pasando es que se polarice la situación, no dejando espacio al diálogo y a los acuerdos.

Sobre estas pociones no podemos olvidar:

En primer lugar, es un error decir que la opinión de los empresarios en ese espacio del lunes con el gobierno en la Casa de la Moneda, es la opinión de todos. ¿Que los empresarios representan a la ciudadanía? Nunca, ellos representan sus intereses. Esto lo corrobora su petición para que Duque no venga al Cauca, la cual es totalmente irresponsable, porque eso va a llevar a que el gobierno use la fuerza para despejar la vía, con las consecuencias que ya se han vivido antes: heridos y muertos. Frente a lo cual, ¿qué persona con un mínimo de humanidad quiere que eso suceda? A no ser que la posición detrás de esas declaraciones sea que se acabe con los indígenas del Cauca o que los pongamos en un centro de concentración, como hace un tiempo lo propuso una ilustre senadora del Centro Democrático.

En segundo lugar, es el gobierno el que tienen el deber de resolver las situaciones sociales, se supone debe ser el mediador y, en esta lógica, es inconcebible que un mediador no esté dispuesto a dialogar y a ceder de ser necesario, un buen mediador no puede ser prepotente, porque la prepotencia es una actitud individual, donde se pone en primer lugar la persona y muy atrás el bienestar de la mayoría. Entonces ¿A quién hay que exigirle? ¿Quién nos debe garantizar los derechos? Exigirle esto a las organizaciones sociales que se movilizan en la Minga es asumirlas como nuestras enemigas y, en Colombia, después de tantos años de violencia, no podemos seguir viendo al otro como enemigo. Y esto nos lleva a la misma conclusión de lo expresado anteriormente: si seguimos viendo a los pueblos indígenas como enemigos, entonces ¿Qué queremos que hagan con ellos? ¿que los exterminen?

En tercer lugar, esa testarudez e insensatez del gobierno y de los gremios que dicen que no se dialoga en medio de las vías de hecho, desconoce la historia de la humanidad; ningún derecho se ha ganado enviando cartas. El que los trabajadores tengan ciertos derechos, trabajen solo 8 horas diarias, fue a través de las vías de hecho y por desgracia hubo muertos; el que las mujeres hoy podamos votar, se logró por la luchas de muchas mujeres el siglo pasado y por desgracia hubo muertas; el tener un estado derecho y una democracia, donde se elige y se es elegido, donde el poder no está concentrado en una persona (monarca), se logró por una revolución (Revolución francesa) y por desgracia hubo muertos; la independencia de América no fue con cartas y peticiones. Todo esto es muy triste, entonces, ¿hoy vamos a permitir que las acciones que ha decidido la Minga, para exigir derechos y cumplimiento de los acuerdos, se vuelva una masacre? ¿cuántos muertos permitiremos para empezar a exigir que el gobierno cumpla su obligación?

Por último, decir que se respetan las opiniones, pero cuando estas se intentan generalizar y llevan al odio y no al dialogo, hay que reflexionar sobre qué sociedad queremos construir, una que mantenga la violencia como forma de subyugar al otro o una que mantenga la concertación dialogada sin destruir al diferente.

Ustedes deciden.

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*Miembro de la Escuela Nacional Orlando Fals Borda y de Ciudad en Movimiento.