“Cualquier victoria popular requiere victorias culturales previas”: García Linera en CLACSO [DISCURSO COMPLETO]

importantes definiciones de uno de los referentes políticos y teóricos más sólidos de la izquierda latinoamericanana.

En el marco de la VIIIº Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales organizada por CLACSO, el pasado martes 20 de noviembre Álvaro García Linera brindó una conferencia especial. [Ver video abajo]. Presentamos la transcripción hecha por el portal Batalla de Ideas.

Por Álvaro García Linera*. ¿Qué significa ser de izquierda? Haber sacado a 72 millones de habitantes de América Latina de la pobreza. ¿Qué ha significado ser progresista, ser populista, ser izquierdista, ser socialista, en América Latina? El fortalecimiento de los sindicatos y de los múltiples movimientos sociales. Nuevas formas de participación como el referéndum, como la democracia comunitaria, como las intersectoriales, como las movilizaciones sociales con efecto estatal que cambiaban o elaboraban decretos, que cambiaban o elaboraban leyes.

La democratización creciente de las relaciones personales y un impulso a la gestión del cuerpo en la que cada mujer es y debe ser soberana sobre las decisiones de su cuerpo. Los gobiernos progresistas han aprendido del movimiento de mujeres. Posiblemente muchos gobiernos llegaron a la gestión sin entender o con distancia; pues, sobre la marcha, tuvieron la flexibilidad y la sabiduría de abollar sus creencias iniciales, impregnadas de miradas conservadoras para tener una actitud de acompañamiento, no de dirección, porque la mujer no necesita ser dirigida, de acompañamiento a las luchas de las mujeres por sus reivindicaciones.

La izquierda ha significado en estos doce años nuevas formas de gobernabilidad: hay gobernabilidad en los países, hay estabilidad en los países, no solamente con coaliciones políticas partidarias. Lo que hemos mostrado al mundo es que la gobernabilidad real, plebeya, que se construye es: mayoría parlamentaria, mayoría callejera. Se gobierna desde las calles, se gobierna desde el parlamento, y la unidad de ambas da gobernabilidad a los gobiernos progresistas.

En cuarto lugar los gobiernos, las fuerzas progresistas, tuvieron la virtud de, de manera alargada, en los diez, veinte años previos, o de manera concentrada, en meses o años previos a los grandes estallidos catárquicos de la sociedad en América Latina haber construido victorias culturales previas. Gramsci tenía razón: cualquier victoria popular política o militar requiere previamente victorias culturales desarrolladas en los distintos ámbitos de la vida: en la universidad, en los medios de comunicación, en el barrio, en la actividad cotidiana, en la familia, etcétera.

En quinto lugar el progresismo latinoamericano ha resuelto sobre la marcha un debate que se va dando en el ámbito de la reconstitución de las izquierdas europeas, socialistas o socialdemócratas radicales: el tema de la relación entre progresismo y libertad. Por lo general, los que venimos de las izquierdas de los años sesenta y setenta traíamos una distancia frente al concepto de libertad que lo asociábamos al libre mercado o el egoísmo del interés personal. Sobre los hechos y sin mucha reflexión, el progresismo latinoamericano ha abordado este tema de una manera muy creativa. El respeto de las libertades republicanas: libertad de opinión, libertad de asociación, libertad de pensamiento, libertad de formar sin coacción voluntad política nacional, es decir, hemos sabido llegar al poder, transformar el poder, mediante las elecciones. Y habremos de regresar nuevamente al poder una y otra vez (y otra vez) mediante las elecciones.

Frente a una lógica del determinismo histórico en el que había un solo sujeto promotor del cambio y el resto de la sociedad era meramente acompañante sospechoso de la vanguardia, el progresismo latinoamericano ha tenido la virtud de promover, de inventar, un conjunto de articulaciones sociales contingentes. Plurisectoriales, multiidentitarias y pluricivilizatorias: obreros, indígenas, barrios, jóvenes, mujeres, profesionales, campesinos… en una articulación plebeya en la que no hay un sujeto mandado a dirigir o a conducir al resto. Donde el que conduce es fruto de contingencias, de habilidades estratégicas, de convocatorias, de construcciones discursivas, de narrativas civilizadoras pero, en todo caso, no hay un sujeto de vanguardia, un único sujeto articulador. Las transformaciones y los bloques históricos son construcciones plurales contingentes y flexibles.

En quinto lugar (y esto ha sido lo más dificultoso, pero se ha logrado en parte), una de las virtudes de los gobiernos progresistas latinoamericanos es haber formado, o haber impulsado, formas alternativas de gestión económica pos neoliberales. No diría pos capitalistas, ninguna revolución comienza planteándose el comunismo: la Revolución Rusa surgió planteándose “pan”, y acabó tomando las fábricas. Pero comenzó planteándose la pelea por el pan, por la libertad. Acabó claro, luego, metiéndose a las fábricas y construyendo soviets…

En América Latina hemos tenido la capacidad de ampliar los bienes comunes, tanto estatales como los sociales. Hemos tenido la capacidad de crear, de articular de manera selectiva formas selectivas y puntuales de globalización, formas selectivas de protección y de mercado interno. Que es ahora lo que Europa, por su lado progresista está intentando experimentar. Nuevas formas de soberanía económica, financiera, bancaria –un banco central que controla, o controlaba, su moneda-, militar (no bases norteamericanas en el continente) y política: no embajadas extranjeras que definen el destino de los países.

En sexto lugar, como nunca antes, los progresismos tuvieron la virtud de impulsar políticas de integración y de soberanía continental. Una internacional progresista que permitió que América Latina pudiera preocuparse de sus problemas, definirlos, pudiera ayudarse, sin esperar que el gobierno norteamericano, ni el FMI, ni el Banco Mundial, ni la Unión Europea, nos tenga que decir lo que tenemos que hacer.

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Hay varios otros elementos de los aportes del progresismo latinoamericano al mundo. Me voy a detener en éstos, luego capaz en el debate salgan otros, porque ahora quiero detenerme en los límites que hemos tenido. Porque de los límites que tenemos y de la conciencia de ellos comenzaremos a superarlos, en el sentido hegeliano.

Primer límite que hemos tenido, y que tiene que ser la lección para futuro, para la nueva oleada: la sostenibilidad del crecimiento y de la satisfacción económica. Se puede llegar al gobierno en un momento de crisis, de apertura y de disponibilidad social, de frustración colectiva frente a políticas conservadoras, con una propuesta, con una narrativa coherente del porvenir. Se puede. Pero para mantenerse en el gobierno no es suficiente la voluntad política. No olviden lo que decía Lenin: la política es economía concentrada. Y la clave, la sostenibilidad de un gobierno progresista radica en una buena gestión, duradera, de la economía. Crecimiento económico, redistribución de la riqueza, sostenibilidad del crecimiento y de la redistribución.

A la izquierda, a diferencia de las derechas o de los conservadores, un error en economía nos cuesta la vida. A la derecha, un error en economía se lo tolera: es parte del sentido común conservador que vuelve tolerante ante fuerzas conservadoras. La izquierda no tiene derecho a equivocarse. Es complicado, pero ni modo, de eso aprenderemos para mirar hacia el futuro.

Un segundo elemento es la debilidad de las transformaciones del sentido común. Llamamos “sentido común” al conjunto de criterios morales, procedimientos lógicos, actitudes instrumentales que hacemos sin reflexionar sobre ellas. Desde la forma de sentarse, de comer, del lenguaje, la arquitectura del lenguaje que nos permite comunicar y crear sentidos compartidos con otros compañeros del barrio, con la familia, con los compañeros del trabajo… Es el conjunto de indignaciones y tolerancias morales que practicamos a diario. Es el conjunto de algoritmos de la vida cotidiana que automáticamente disparamos o ejecutamos sin estar pensando en que lo estamos haciendo.

Como agarrar este micrófono: puedo estar hilando mis ideas sobre la izquierda sin necesidad de preocuparse sobre cómo se agarra un micrófono o cómo mirar al público, pues eso es el sentido común. Esos saberes, esa forma de ubicarse en el mundo, esa forma de actuar automáticamente en el mundo, esa forma de valorar instantáneamente y espontáneamente el mundo, que no es natural: que es fruto del sedimento, de lo que Marx llamaba la educación, el hábito, la tradición, desde que tenemos un día de vida de vida hasta que somos adultos, a eso llamamos el sentido común.

Pues el sentido común había sido lo más importante en la política. En el fondo, la política es una lucha por la conducción del sentido común. Y los gobiernos progresistas supieron estar en el momento preciso, en ese entonces como fuerzas progresistas, con el discurso preciso, en el momento en que un pedazo del sentido común se resquebrajó. Un pedazo del viejo sentido común que asignaba a otros la decisión sobre las cosas de uno, que apostaba al mercado o a la globalización la satisfacción de las necesidades, que delegaba en personas, o en partidos, o en empresarios la solución del problema de los pobres. Ese viejo sentido común se resquebrajó en un momento de catarsis social. En Bolivia año 2001, año 2003, año 2005. Argentina, Brasil, cada país tiene su propio momento de catarsis social (en el sentido gramsciano) que quiebra pedacitos superficiales del sentido común.

Cuando se llega al gobierno, uno cree que ese sentido común que lo catapultó a funciones estatales es enraizado. No es cierto: lo que hemos entendido y comprendido que es el sentido común es más que estos aspectos circunstanciales de la catarsis social, que el sentido común es todo un sedimento conservador, reproductivo más que transformativo, y que si los gobiernos progresistas no hacen un esfuerzo planificado, sistemático, en la educación, en la salud, en la vida cotidiana, en la escuela, en los medios de comunicación, en los libros, en el teatro, en las gestualidades, relaciones intrafamiliares, en las simbologías, en las formas de unificación, en el orden moral del mundo, en el orden lógico del mundo, para transformarlo, el viejo sentido común se volverá a reconstituir y se apoderará y desplazará el nuevo sentido común progresista superficial.

De ahí la paradoja que nos ha costado aceptar: ¿cómo es posible que compañeros que salieron de la pobreza fruto de las políticas progresistas voten contra un gobierno progresista? Parece una traición, no lo es. Parece una inconciencia, no lo es. Hay que asumirlo como debilidad. Como debilidad y como lección: hay continuidad de los procesos progresistas en tanto satisfacen necesidades básicas crecientes, en tanto transforman y revolucionan ininterrumpidamente las pautas del sentido común conservador que gobierna el 90 o el 95% de nuestros procedimientos cerebrales.

Tercera debilidad, tercera lección: no es posible un crecimiento económico que sea a la vez un decrecimiento ecológico. ¿Cómo resolver esta paradoja de crecimiento económico con protección ecológica? Es decir, el horizonte de un socialismo ecológico se presenta en América Latina como un hecho inevitable en la siguiente oleada.

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Fortalezas, debilidades, tareas. ¿Qué es lo que puede pasar en el continente ahora? ¿Estamos ante el inicio de un largo repliegue del progresismo latinoamericano que va a dar lugar a una larga noche conservadora, neoliberal, racista, misógina, excluyente, neocolonial? ¿O no? Eso es lo que uno tiene que asumir con una frialdad siberiana. Yo estoy convencido de que no, y por lo siguiente: estamos enfrentando una oleada conservadora neoliberal que tiene dos limites intrínsecos: es fosilizada y es en sí misma contradictoria.

¿Por qué fosilizada? Porque el neoliberalismo que ha triunfado recientemente en algunos países de América Latina está repitiendo las recetas que hace veinte años fracasaron y llevaron a esos países al desastre económico y social. No hay inventiva, no hay creatividad, no hay esperanza, es simplemente una vieja repetición –mal adobada, encima, mal formulada- de viejas actitudes, de viejas decisiones que ya fracasaron en el continente años atrás.

¿Por qué es contradictorio y enfermizo? Porque a diferencia de lo que sucedía en los años ochenta, cuando el neoliberalismo se presentaba ante el mundo como una esperanza movilizadora de pasiones, como una esperanza movilizadora de adhesiones voluntarias, el neoliberalismo actual solamente moviliza odios y resentimientos: odio al pobre, odio a la mujer liberada, resentimiento con el trabajador alzado, contra el sindicalismo exagerado que entorpece la acumulación. Es decir, es un neoliberalismo fundado en la negatividad y no en la proposición. No en la esperanza de mediano plazo, sino en el rechazo emotivo de corto plazo. Y eso tiene patas cortas.

En tercer lugar, ¿de qué neoliberalismo hablamos? Resulta que los que hace diez o veinte años propugnaban el libre mercado, la libre empresa, las privatizaciones, hoy nacionalizan bancos, hoy fortifican sus fronteras y se pelean contra la globalización. Y resulta que los “comunistas” que son dueños de empresas estatales son los propugnadores del libre comercio globalizado, entonces, ¿qué? ¿Los comunistas se han vuelto globalizados y los privatizadores se han convertido en proteccionistas?

Tenemos un neoliberalismo fallido, de corto aliento, y un mundo incierto. Se ha perdido el norte, el horizonte, de las fuerzas de derecha. ¿Hacia dónde vamos a ir? ¿A hacer alianza con China, y entonces hay que estatizar empresas, o vamos a tocar las puertas de Europa y Estados Unidos, que están pidiendo protección para sus mercados? ¿Qué camino va a seguir América Latina? ¿Un pedazo de uno y un pedazo de otro? No. Se ha agotado el combustible neoliberal, lo que ahora tenemos es una especie de neoliberalismo zombie, que sobrevive de sus viejas victorias y que no logra captar el entusiasmo colectivo de la sociedad.

Soy un convencido de que esto se va a agotar. De que en vez de vivir una larga noche neoliberal, hemos de vivir una corta noche de verano neoliberal. Y ahí es donde nos toca a nosotros reconocer lo que hicimos bien, reconocer lo que hicimos mal, y prepararnos: la izquierda tiene que volver a prepararse para tomar el poder en los siguientes años en el continente. Y esperemos que esta nueva oleada de gobiernos progresistas que vayan más allá de la primera oleada cuenten ahora sí con un apoyo de otros lugares del mundo. Miramos a España, miramos a Inglaterra, miramos a Francia, miramos a Italia, miramos a todas partes del mundo con la esperanza de que no nos dejen solos. De que la siguiente oleada pueda ensamblarse con una oleada mundial que nos permita avanzar mucho más sobre los derechos y el bienestar de la población mundial.

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* Álvaro García Linera nació en Cochabamba-Bolivia. Fue a estudiar la carrera de Matemáticas en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). A su regreso a Bolivia se dedicó a la organización y aporte ideológico en el Ejército Guerrillero Túpac Katari (EGTK), conciliando la teoría indianista con el marxismo y generando una praxis revolucionaria-comunitaria. En 1992 fue encarcelado durante cinco años; en 1997 sale de prisión por no haber sentencia en su contra. Dictó cátedra en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) y otras universidades. En el año 2005 fue invitado por el Presidente Evo Morales como Vicepresidente para las elecciones en las que obtuvieron un triunfo histórico. Actualmente es Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia. Entre algunas de sus publicaciones destacan: De demonios escondidos y momentos de revolución. Marx y la revolución social en las extremidades del cuerpo capitalista (1991); Forma valor y forma comunidad (1995, 2009); Reproletarización. Nueva clase obrera y desarrollo del capital industrial en Bolivia (1952-1998) (1999); Sociología de los movimientos sociales en Bolivia (2004); La potencia plebeya. Acción colectiva e identidades indígenas, obreras y populares en Bolivia (2008); Las tensiones creativas de la revolución. La quinta fase del Proceso de Cambio (2011); El “oenegismo”, enfermedad infantil del derechismo (2011); Geopolítica de la Amazonía, poder hacendal patrimonial y acumulación capitalista (2012); Identidad Boliviana. Nación, mestizaje y plurinacionalidad (2014); La condición obrera en Bolivia. Siglo XX (2014).