Cinco ideas sobre la actual movilización por la educación como derecho fundamental y bien común

Este miércoles 10 de octubre, los estudiantes saldrán nuevamente a las calles de las diferentes ciudades del país en defensa de la educación superior. Pero a pesar del entusiasmo y de las masivas manifestaciones, cualquier victoria está lejos. Felipe Marín, escribe cinco ideas para el actual movimiento estudiantil.  [Foto de portada: Rubén Torres].

Por: Felipe Marín. El auge de la lucha estudiantil y docente de los últimos días en defensa de la educación superior es una noticia maravillosa para quienes creemos que este país puede ser un lugar mejor si la gente lucha, pero es además un hecho que tiene toda la importancia para el futuro de la educación superior colombiana si consideramos dos situaciones: para empezar es la primera vez tras 6 años de relativa ausencia de la comunidad educativa del debate público, que se vuelve tejer a escala nacional una posibilidad de disputa por el derecho a la educación que en menos de un año ha sumado voluntades, construido niveles importantes de opinión pública y trazado un derrotero de acción y exigencia coordinada contra la mercantilización progresiva de la oferta educativa superior agenciada por el gobierno nacional, antes en cabeza de Juan Manuel Santos y ahora de Iván Duque y el Uribismo. Segundo, y no menos importante, esta movilización tiene posibilidades de ganar, de propinarle un duro golpe a Duque para empezar a reversar los efectos de décadas de privatización y visión empresarial que se han impuesto al sector educativo y de paso entregarle una victoria al pueblo colombiano que ayude a abrir un ciclo de luchas nacionales, sectoriales y regionales contra el fascismo neoliberal que retomó el gobierno en las últimas elecciones.

Pero solo es posible ganar si se tiene estrategia, la indignación, la pasión, la rabia, las ganas son ingredientes fundamentales, pero estos tienen que estar acompañados de capacidad colectiva para proyectar una lucha que desde ya hay que saber será dura, larga y estará llena de tensiones y contradicciones que hay que gestionar adecuadamente para no perder ni perderse en el intento. No existen fórmulas mágicas para resolver todo lo que viene y si existieran yo no las tengo, pero sí creo que una condición necesaria para el triunfo de la movilización popular es que esta se exprese tanto en las calles como en el pensamiento, de ahí que considere fundamental que a la par que marchamos y nos movemos le demos vueltas a este asunto y lo discutamos con toda la profundidad que podamos, aquí algunas ideas para seguir debatiendo:

1) Hay que asumir que no nos inventamos esto: El movimiento estudiantil y profesoral no nació en esta movilización, tiene una experiencia de lucha acumulada muy rica que es necesario revisar y de la que estamos obligados a aprender, no se puede ceder a la tentación de algunos compañeros y compañeras a descalificar de un plumazo todo lo que otras generaciones hicieron antes, al movimiento siempre hay que reinventarlo para que corresponda a las necesidades y realidades del momento histórico que son siempre diferentes, pero sin que pretender renovar signifique querer partir de cero, es una monumental estupidez negar que estamos parados en hombros de gigantes: del movimiento estudiantil del programa mínimo en el 71, de la lucha por la autonomía en los 90, de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil y su propuesta de reforma democrática de la educación superior, particularmente esta última experiencia es necesario revisarla viendo sus errores y limitaciones pero sin cerrar los ojos frente a sus indiscutibles éxitos y avances, que en mi opinión fueron el aspecto principal.

2) La tarea es unir: El ENEES y la UNEES deben ser espacios con capacidad de unir a la mayor cantidad de gente si a lo que aspira es a ser parte fundamental de la dirección del movimiento estudiantil, entre más manos más rápido los derrotamos, el movimiento estudiantil siempre ha sido una cosa diversa y así debe seguir siendo, su posibilidad de éxito radica en gran medida en su capacidad de llegar a acuerdos sobre lo fundamental con otros y otras que permitan tramitar las diferencias y construir unidades para darle entre todos al enemigo común: el gobierno y su política. El sectarismo, los señalamientos a otras posiciones que pueden ser aliadas en la lucha pueden terminar encerrándonos y aislándonos. Es necesario construir un “nosotros” pero siempre aspirando a que ese nosotros sea cada vez más amplio y más grande, solo se puede avanzar si se es capaz de unir a las mayores cantidades de gente en un objetivo común. Para ello es fundamental no cerrar posibilidades de dialogo, coordinación y unidad con ningún sector o actor que quiera contribuir a hacer más amplio el caudal de la inconformidad.

3) No nos engañemos, la lucha es larga: Mucha gente piensa que con una sola movilización o paro vamos a solucionar todos los problemas de la educación superior pero nada más alejado de la realidad, todas las luchas —hasta las más revolucionarias— tienen límites y alcances, salvar la educación en Colombia es una tarea que nos va a costar muchas luchas y movilizaciones: en algunas ganaremos en otras no, pero es la pelea la única garantía que tenemos para evitar que quienes mantienen el poder avancen con su política y en su lugar nosotros podamos avanzar con la nuestra. Garantizar presupuesto para salvar las instituciones de educación superior de su quiebra inminente es el propósito del momento, la conquista de este propósito no debe verse como un fin si no como un momento que puede abrirnos nuevos espacios y posibilidades para luchar por reformar la educación en sentido democrático y con ello contribuir a transformar integral y radicalmente la sociedad colombiana. Algunos intentarán convencernos que el paro universitario colombiano es para exigirle al imperialismo que se autodisuelva, pero no, La radicalidad en política no siempre va a acompaña de la radicalidad retórica, desconfiemos siempre de esos que dicen que quieren todo para no luchar en lo concreto por nada.

4) Un paro es para ganar: Los paros no se hacen para medir estados de opinión, dejar constancias o sentar precedentes, se hacen paros con la apuesta de obtener el mayor número de ganancias posibles. Durante estos días y hasta el 17 de octubre (fecha de aprobación del PGN) los profesores y estudiantes de Colombia tienen una batalla en la que no puede escatimarse esfuerzo alguno, el paro es para torcerle el brazo al gobierno y hacer pagar a Duque y su gobierno el precio por seguir desfinanciando la educación y convirtiéndola en una mercancía para la renta de sus amigos ricos.

5) Llegar a acuerdos es un mal necesario: Los paros —salvo que estos tengan la fuerza y el objetivo de derribar el estado de cosas e instaurar otros—  terminan en acuerdos, las luchas no son infinitas y para avanzar hay que interlocutar con el enemigo y producir -lo mas en caliente que se pueda- un acuerdo, que casi nunca significa que nos dicen sí a todo lo que exigimos (esta es una visión infantil); hay que asumir esta realidad y tratar de obtener el acuerdo que en relación con el tamaño y contundencia de nuestras fuerzas movilizadas más ayude a proyectar en el tiempo la lucha por reformar democráticamente la educación superior, hay que tener en cuenta dos ideas en relación con este asunto: primero, sin presión o movilización no hay negociación que avance, una negociación es un pulso político que gana el que más fuerzas ponga y esta, en nuestro caso, se mide en gente dispuesta a luchar en las calles; segundo, las negociaciones siempre son un reto para el movimiento en el sentido de no fragmentarse por las diferentes interpretaciones que de las negociaciones puedan hacerse, ganar compresión sobre este problema y proyectar los escenarios que enfrentará el movimiento, es vital para evitar un desenlace fragmentado que conduciría casi seguramente a un nuevo y prolongado reflujo.