Nuestra Memoria: Recordando a Gilberto Agudelo, Martín Hernández y Luis Fernando Wolff en el actual contexto de violencia

A pesar de la aparente y superficial calma que durante los últimos años se ha vivido en la seccional Medellín de la Universidad Nacional de Colombia, su historia ha sido marcada por la represión violenta de las voces críticas dentro de sus estamentos. Esta nota que apareció en la más reciente edición del boletín Universidad Pública Resiste (UPR), ofrece un recorrido por tres importantes figuras dentro de la historia de las luchas de la universidad. [Foto de portada: creación artística al óleo por parte del artista y estudiante David Vélez Sarmiento]

Por Universidad Pública Resiste* Las universidades colombianas no son ajenas a las dinámicas del conflicto político, social y armado que vive el país. Estos tres elementos de conflictividad han atravesado históricamente las dinámicas de estos centros de estudio, especialmente de aquellos de carácter público: las políticas en detrimento de la universidad pública, su desfinanciación, y  los ejercicios de organización y movilización de los procesos estudiantiles. La histórica presencia de procesos políticos de una izquierda multicolor y de otros tantos que apostaron por la clandestinidad en medio de los debates sobre la vigencia de la lucha armada y la acción violenta como estrategia política; el oscuro avance de grupos paramilitares, su penetración en las universidades y la extensión de amenazas y asesinatos contra miembros de la comunidad universitaria, además de las históricas disputas y reclamos por una educación de calidad, con democracia universitaria, libertad de cátedra y contratación digna, son algunos de los fenómenos que han permeado hasta el día de hoy las problemáticas de muchas de las universidades públicas del país.

La Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín ha recogido muchos de estos asuntos y, para la desgracia de nuestra historia como centro de pensamiento de carácter público —en el que se supone la diferencia y divergencia de ideas hacen parte de la riqueza universitaria—, han sido asesinados por sus acciones políticas y sociales reivindicativas tres miembros de nuestra comunidad, tres vidas que hoy y siempre se hace necesario recordar, en tanto que representan no solo los tres estamentos universitarios, como son los estudiantes, profesores y trabajadores, sino que evidencian cómo las luchas por un mejor país han sido perseguidas y acalladas.

El trabajador Gilberto Agudelo Martínez, presidente nacional del Sindicato de Trabajadores y Empleados Universitarios de Colombia (SINTRAUNICOL), desapareció en el año 2000 en “extrañas” circunstancias mientras se desplazaba hacia Bucaramanga. Sus restos fueron exhumados por la Fiscalía en mayo de 2005 en Matanza (Santander), producto de la información suministrada por un desmovilizado de las AUC.

El docente jubilado de la Escuela de Física y sindicalista Luis Fernando Wolff Isaza, miembro del Frente Amplio por la Paz, fundador de la Escuela Nacional Sindical (ENS), militante de la Unión Patriótica y del Polo Democrático Alternativo, fue asesinado el 27 de abril de 2015 en el barrio La Iguaná, cerca del campus de la Universidad Nacional.

El recién egresado de Ciencia Política, investigador, educador y líder social Martín Hernández Gaviria de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), fue asesinado en el barrio Castilla el 14 de enero de 2008 por grupos paramilitares.

Gilberto, Martín y Luis Fernando son el fiel reflejo de la violencia social y política que termina siendo naturalizada en nuestro país, pero nuestros tres rememorados son solo una pequeña muestra del destello sangriento que se ha derramado y aún se sigue derramando sobre los líderes sociales y comunitarios en Colombia. Ellos, los 117 líderes asesinados en 2016 como los 170 en 2017 según Indepaz, y los 24 líderes asesinados en lo corrido del  2018 (constatados por UPR hasta el 2 de febrero) son las cifras abismales y lamentables que dan cuenta de ello.

Los prominentes avances en la desescalada del conflicto armado, producto de la implementación de los acuerdos de paz con las FARC-EP y las actuales negociaciones con el ELN en Quito**, son la apuesta por la reformulación de la estrategia política, no solo de los grupos guerrilleros, sino también del Estado, esta vez enfrentados en una disputa institucional democrática y electoral. Pero estos cambios solo constituyen una parte —tal vez pequeña— en la búsqueda de una solución a la violencia que aqueja al país; el sistemático y preocupante asesinato de los exguerrilleros amnistiados de las FARC (ya han sido asesinados 40 según la Misión de Monitoreo y Verificación de Naciones Unidas), por un lado, y de líderes sociales en todo el territorio colombiano, por el otro, nos debe obligar como sociedad a plantear estrategias y ejercicios de memoria, que den lugar a la reflexión sobre  los nefastos sucesos que desencadenó el conflicto, ejercicio que se hace aún más urgente en la actual coyuntura en la que se pretende dar un vuelco a la política nacional y al conflicto armado.

Este ejercicio de memoria es un llamado a recordar, persistir e insistir en la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición. El genocidio en contra de la Unión Patriótica, A Luchar y el Frente Popular, deben ser antecedentes más que necesarios para la indignación social ante los asesinatos sistemáticos contra los líderes sociales. Por cada líder social asesinado una cruz, una vela y un grito de indignación.

 

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* El Colectivo Universidad Pública Resiste (UPR) surgió como una apuesta comunicativa de la Oficina Estudiantil de la Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín en el marco del proceso de movilización de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE) y del estudiantado colombiano, en general, contra la reforma de la Ley 30 en el año 2011. Aunque la difusión de los boletines UPR cesó por algunos años, recientemente un grupo de estudiantes decidió impulsar nuevamente el boletín e imprimió el número 12 con nuevos y enriquecedores contenidos para la actual coyuntura política y educativa del país.

** Para el momento en que se publicó el boletín UPR la mesa de diálogos con el ELN se desarrollaba en la ciudad de Quito. Sin embargo, como se sabe, a partir del quinto ciclo de negociaciones la mesa se desarrolla en la Habana, Cuba.