¡Sí ganamos! Somos 8 millones de sueños unidos

Estamos ante un momento de “esperanza atípica”, de esos que pocas veces se han dado en la historia de Colombia; es nuestro deber no dejarlo acabar. Por Ana Erazo*.

Más allá de sentimentalismos provocados por lo que acabó de acontecer, quisiera escribir estas líneas intentando analizar lo que fue la contienda electoral 2018. No son lecturas acabadas, más bien propiciadoras del debate serio, sano y constructor de un país que como dice la canción, “ha dicho basta y echado a andar”.

Sobre el momento de país

 Las elecciones presidenciales 2018 – 2022, se presentan en un nuevo momento de país. Era crucial entonces para la derecha y los intereses nacionales e internacionales, mantener el poder. Por eso, su unidad era inevitable.

Los conflictos de Oriente por territorio y sus bienes naturales, donde también se expresa la disputa por imperios entre Estados Unidos y Rusia.  La crisis europea con énfasis en el sector financiero en Alemania y Francia, entre otros conflictos por dependencias territoriales; Y la disputa latinoamericana por terminar de arrebatar por vía de “golpes blandos”, los últimos gobiernos progresistas.

Todo el contexto bajo la ya caracterizada crisis civilizatoria del capitalismo y los intereses por sostener el imperialismo económico que ya Estados Unidos ha venido perdiendo. Volver a la reprimarización, implica disputas territoriales por el control de hidrocarburos y, para esto, sostener el control político – gubernamental, es crucial.

Colombia juega un rol fundamental en América latina y la crisis económica del mundo, sobre todo, por la recuperación de Venezuela en manos de la derecha. Que Álvaro Uribe Vélez vuelva al poder, significa la contención del socialismo del siglo XXI en Venezuela, y con ello, el triunfo de los imperialistas sobre América Latina.

Durante los pasados 8 años de gobierno Santista, podemos concluir que él ha sido el presidente más eficiente para los intereses capitales. Deja una Colombia sin FARC y sin cumplimiento de acuerdos, y una mesa a medias con el ELN con poco avance y poca seguridad de continuidad. El retorno de Uribe, implica casi que ésta, se levante. Y no por el ELN, sino por la visión guerrerista del próximo gobierno.

El gobierno de Santos vendió empresas públicas importantes para el país como Isagén, sentó la ley ZIDRES que concentra aún más la tierra y violenta derechos del campesinado, desarrolló proyectos minero energéticos impactantes como Hidroituango y el Quimbo, y otorgó más de 9 mil licencias ambientales para explotación minera, con afectaciones a ríos y páramos fundamentales como Santurbán y el Sumapaz.

Todo el plan de ordenamiento territorial, basado en el modelo económico mineroenergético, se llevó a cabo sobre los derechos y la vida de las comunidades. Más de 500 líderes han sido asesinados desde su gobierno y el movimiento social no ha tenido mayores respuestas ni para frenar la violación de derechos humanos, ni para contener el poder. Al contrario, muchos están en crisis o negociando en mesas sobre acuerdos incumplidos.

La ejecución de su plan de desarrollo 2014-2018 en términos de agroindustria, extractivismo e infraestructura para el modelo económico capitalista, es altamente cumplido. Tanto así que Colombia termina suscrita en la OCDE y con miras a la OTAN.

Pero el desarrollo del modelo extractivista apenas inicia. Liberar territorios de la insurgencia, es sólo la primera parte del proceso. Aún falta concretar leyes y políticas que aseguren la propiedad privada sobre terratenientes, el libre comercio y la entrada sin barreras de las grandes multinacionales para la explotación mineroenergética, entre ellas, el fracking.

Pero la gran preocupación no sólo radicaba ahí. La implementación del modelo, viene acompañado del objetivo principal de eliminación de los proyectos de izquierda; esto implica mayor asesinato de líderes y finalizar el conflicto armado vía militar. Que el fascismo narcoparamilitar de Álvaro Uribe Vélez vuelva al poder, implica regresar a los crímenes de Estado, impunidad para las más de 8 millones de víctimas y exoneración de sus crímenes de lesa humanidad ante la justicia, como mínimo.

Entonces, bajo este momento político: la consigna mayor de las elecciones del pasado 17 de junio era: “o les dejábamos sostener el poder para que el fascismo gobierne desde la guerra, o les ganábamos el poder vía elecciones y con mayor presión y actuación de los sectores y movimientos pro vida digna”. Pero antes de hablar de los resultados, es importante analizar cómo llegamos hasta aquí.

La campaña electoral: entre el miedo y el despertar del pueblo afectado

Para iniciar, debo resaltar que la campaña no empezó en diciembre, como lo plantea el Consejo Nacional Electoral. Para el urbismo por ejemplo, inició en el momento en que perdió con Iván Zuluaga. Su férrea oposición a Juan Manuel Santos en todas sus políticas, pero sobre todo en la paz, iba marcando desde ya su estrategia de campaña.

Las guerrillas han sido siempre su caballito de batalla. Ganó las elecciones, entre otras artimañas, con la mentira de devolver la “seguridad democrática” al país. Posteriormente, ganó el plebiscito con la otra mentira de que el proceso de paz otorgaba impunidad para las FARC y poder sobre el país, asunto que como todos pudimos ver, hoy más que nunca, éstas están invisibles ante el momento de país.

Mentiras, mentiras y más mentiras, sería la estrategia del uribismo. Para esta contienda electoral, se valió del mal momento del país venezolano, para hacer creer que, si no llegaba al poder su pupilo, Gustavo Petro nos llevaría al hambre, como si ya Colombia no muriese de hambre. Igualmente, su campaña basada en el fanatismo de las iglesias y el miedo a la expropiación de lo que no tenemos, invadió de temor a millones de colombianos que tristemente no basaron su voto en programas, ni ideales políticos, sino en el miedo de perder lo poco que le queda y la falsa idea de progreso.

Tal como lo plantea Carolina Sanín, Álvaro Uribe recibe el apoyo de millones de colombianos no por una decisión política y consciente, sino por un fenómeno sicológico, donde un pueblo sin padres, le ven como el padre maltratador y salvador de su situación. Es un voto psicológico y no político. En pocas palabras, Uribe se vale de la poca educación política que tiene la gran mayoría de colombianos, para concentrar bajo sus mentiras, la ganancia de un voto psicológico basado en el miedo.

Incluso, hablándolo en términos programáticos, la campaña de Iván Duque siempre ofreció más de lo mismo: modelo económico a favor de los intereses de los terratenientes y las multinacionales, oposición a los procesos de paz con las FARC y el ELN y, evidentemente, la continuidad de la corrupción.

Aunque su gran bandera fue combatir la corrupción sobre la base de un nuevo modelo empresarial más joven e innovador, los apoyos recibidos por parte de los mismos con las mismas, denotaban claramente, el continuismo gubernamental.

Pero el bloque Duque demostró dos elementos con dichas adhesiones: Uno, no se puede hablar de anticorrupción y juntarse con los más corruptos. Y dos, esta vez el miedo lo sentía la elite política arraigada en el poder, pues la continuidad de su estatus podría perderse bajo el gobierno alternativo de Gustavo Petro. El miedo del cambio, logró juntar pragmáticamente a la elite tradicional, con la élite emergente. Será para analizar, como se repartirán el poder.

Por otro lado, la estrategia de campaña de la Colombia Humana se basó en el sueño por la esperanza de la transformación. Y aquí quiero profundizar en el análisis, en lo que llamaré “factores de necesidad del cambio”. 

El primer factor de necesidad del cambio, es la realidad que viven las familias colombianas. Para quienes habitan el campo entre los bienes naturales, es una realidad el desplazamiento forzado por los megaproyectos, los asesinatos a líderes defensores del territorio y sus bienes naturales, las crisis ambientales generadas por la explotación de petróleo, las centrales hidroeléctricas u otros megaproyectos, la agudización de la violación de sus derechos humanos, la falta de empleo y pauperización de sus condiciones de vida.

Para quienes habitamos las ciudades, es una realidad el desalojo forzado de las viviendas por planes de renovación urbana. Los altos índices de desempleo y/o empleo informal y la falta de salud y educación.

Esto significa que los conflictos económicos, sociales, territoriales y, hasta políticos, se agudizaron aún más en cada rincón del país a causa del modelo de desarrollo, aspectos reales, que ya no pueden callar los gobernantes, porque son experimentados por las comunidades que, en dichas condiciones, llaman a gritos los cambios.

El segundo factor de necesidad del cambio, son los medios de comunicación. Si bien RCN y Caracol han sido instrumentos de dominación al servicio de las elites políticas, las redes sociales jugaron un rol importante en la pedagogía hacia el cambio.  Los abusos del gobierno y la clase política, la información sobre la corrupción, los desastres humanos sobre Hidroituango y Barrancabermeja, la negligencia de las EPS y la represión policial, son realidades que no cuentan los medios, pero que los ciudadanos han decidido evidenciar vía redes sociales.

Conocer en vivo y en directo ésta realidad, ha sido importante para que las personas tengamos una mejor pedagogía sobre lo que acontece políticamente en el país. Aunque también suele jugar en contra por los fake news, la tarea de desmentir puede resultar más fácil. El tener un nivel de politización, por más mínimo que sea, ayuda a despertar mentes sobre gobiernos corruptos y violentadores de derechos humanos.

Esto lo supo canalizar la campaña de la Colombia Humana. Tener que elegir entre la consigna de la vida o la muerte, conllevó a que miles de personas se congregaran en plazas para depositar en Petro, su necesidad de cambio. Fue así, como empezó a crecer una oleada de esperanza, que día tras día de campaña, se convirtió en un sueño de casi 8 millones de colombianos.

La Colombia Humana tuvo grandes adhesiones políticas que significaron marcar un hito en la historia electoral del país: La decisión del POLO y de los Verdes de apoyar ésta propuesta, fue realmente significativa. Si bien un sector del POLO se fue en Blanco, éste se quedó prácticamente solo. En cambio, que la Colombia Humana recibiese el apoyo decidido de Antanas Mockus y Claudia López, catapultó la candidatura. Por otro lado, grandes sujetos de la vida periodística, artística y académica, también hicieron lo suyo.

Pero sin duda alguna, la mejor campaña se hizo en las calles. Para muchos de nosotros, las diversas actividades de la Colombia humana, no tienen precedentes. Ésta campaña no solo contó con una producción audiovisual bastante esperanzadora, similar al NO chileno, sino también del mejor estilo “voz a voz”. Las actividades puerta a puerta, en espacios públicos, en sistemas de transporte, en cada charla familiar y de amigos, logró que cada voto en blanco, fajardista, de De la Calle y hasta uribista ganado con miedos, se dirigiera hacia la Colombia Humana.

Jamás en la historia de Colombia, se sentía un ambiente tan electoral, cargado de debates sobre las propuestas, pero sobre todo, de las ganas de un nuevo sujeto en la presidencia, que se alejara de los continuos gobiernos que hoy se apropiaron de las vidas colombianas para desarrollar su modelo de muerte.

Las plazas llenas, las calles inundadas de familias cantando viva la Colombia Humana, nos demuestra por qué si ganamos. Es el despertar del pueblo colombiano que, cansado ya de los malos gobiernos, ha salido a buscar vía urnas, el inicio de la transformación.

Lo que nos queda

Aunque los resultados electorales no son los deseados, Colombia si ganó. Somos 8.030.439 colombianos y colombianas unidos en esperanza. La diferencia en votación entre Petro y Duque es mínima y no deja de alegrar y motivar a seguir caminando. Habrá que analizar juiciosamente el rol de la Registraduría.

Necesitamos no dejar caer la necesidad de cambio. A Gustavo Petro y Ángela María Robledo les queda la gran tarea de seguir impulsando esta oleada de esperanza. A las izquierdas y sectores democráticos, se les deja un camino avanzado. El pueblo ya despertó y debe continuar con la llama del cambio encendida.

El llamado será a que quienes creímos en la Colombia Humana, nos alistemos para no perdonar ninguna acción del uribismo en contra de los pueblos. No podemos permitir una muerte más en cabeza del gobierno y en nombre del modelo extractivista.

Urge unir esperanzas para continuar con la tarea de movilización en los barrios, comunas, veredas y campos. Nuestra tarea será unirnos para ser opositores al gobierno uribista y veedores del Congreso de la Republica, que bajo su nueva composición, también puede permitir avances.

Necesitamos seguir defendiendo la paz y velar por nuestros derechos. Pero sobre todo, a empezar desde abajo. Por un lado, es fundamental seguir haciendo pedagogía de más de 200 años de dominación ideológica. Por el otro, no podemos perder de vista las elecciones territoriales 2019. La tarea es humanizar también las Juntas de Acción Local, los Concejos, las Asambleas y los gobiernos municipales y departamentales.

Duque no es bienvenido para quienes soñamos con una Colombia en paz y con derechos. Como dijo Gustavo Petro, “no ganamos, por ahora”, pero aún tenemos un arduo camino que recorrer y el momento es ya, porque aunque no logramos la Colombia Humana, ¡Sí ganamos!

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* Ana Erazo es politóloga y magister en estudios urbanos; integra la Unidad de Trabajo Legislativo del senador del Polo Democrático Alternativo (PDA) Alberto Castilla.