Apuntes historiográficos sobre experiencias libertarias y anarquistas en Colombia

El anarquismo y el pensamiento libertario siempre ha sido sujeto de mitos y estigmas, sus aportes concretos a la lucha social colombiana poco se conocen, incluso ni siquiera en el ámbito de los movimientos sociales y la izquierda. Subimos a nuestra web este paseo por la historia, un artículo inicialmente publicado para la edición impresa Nº 33 de la Revista Lanzas y Letras.

“Lo importante es lo que nosotros debemos hacer; pero permanezcamos siempre firmes, yo estoy lejos y en la imposibilidad de cumplir mi tarea…”.

Errico Malatesta. Londres, 30 de julio de 1919.

Carta desde el exilio a Luigi Fabbri.

Por Sergio Segura*. Es conocida la construcción ideológica de las organizaciones obreras de mediados de la década de 1920 en Colombia y la difusión de las ideas anarquistas y libertarias que la influenciaron. Hablar de este pasado necesariamente pasa por estudiar los artilugios creados en el marco de la lucha contra el Estado y el capital. En ese sentido, en este artículo abordo los principales antecedentes de la organización ácrata, así como la presencia libertaria dentro de movimientos sociales más recientes, apoyándome en fuentes que han investigado sobre la historia de la clase obrera y las prácticas libertarias en las luchas sociales del país.

La historiografía del anarquismo en Colombia pasa por obras como la del profesor Alfredo Gómez-Muller y por investigaciones realizadas por la Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo y el Colectivo Alas de Xue. A su vez, la presencia libertaria en los movimientos sociales la documentan estudios realizados por la comisión de investigaciones históricas de la Confederación de Trabajadores de Colombia (CSTC). Por otro lado, Medófilo Medina Pineda, Judith White, Mauricio Archila, Ricardo Sánchez, Renán Vega Cantor, Orlando Villanueva y Luz Ángela Núñez, marcaron una generación de investigadores sobre la historia de la protesta social y las diferentes rebeldías del territorio nacional. Las últimas construcciones teórico-políticas sobre anarquismo, cada uno desde su especificidad, han sido elaboradas por Oscar Vargas, Mauricio Flórez Pinzón, Diego Paredes Goicochea y Sergio Cáceres.

I. Un país violento y mágico

El anarquismo en Colombia no ha logrado configurarse como ‘movimiento’, como sí puede considerarse el anarcosindicalismo en otros países de América Latina como Argentina, Brasil o Uruguay, los cuales desarrollaron en mayor medida diferentes vertientes del sindicalismo revolucionario. Sin embargo, el periodo de 1924 a 1930 es crucial para hablar de la influencia libertaria dentro del movimiento obrero colombiano.

Es lógico que fuera en la costa atlántica donde se dieran las primeras acciones de boicot, sabotaje o huelga general con influencia de las organizaciones libertarias y anarcosindicalistas, pues fueron territorios donde empezaron a operar multinacionales como la Tropical Oil Company y United Fruit Company.

Los grupos declarados como anarquistas en dicha época fueron impulsores de las movilizaciones sociales con un denso precedente: la huelga bananera de 1928. Allí, 25.000 trabajadores de la United Fruit Company se negaron a continuar con la cosecha de bananos en Ciénaga (Magdalena) desde el 12 de noviembre de 1928. Esta huelga fue reprimida por el Ejército Nacional entre el 5 y 6 de diciembre, fecha en la que masacraron miles de trabajadores por orden del gobierno de Miguel Abadía Méndez (1926-1930) (1).

Colombia había sido amenazada por Estados Unidos con ser ocupada militarmente por el Cuerpo de Marines si no restablecía la producción de la fruta que para entonces resultaba exótica y dejaba millonarias ganancias para las multinacionales. Este hecho posee extensa documentación, no obstante, de la participación anarquista poco se suele aludir. Uno de los anarquistas colombianos (de corte insurreccionalista) que aportó a las huelgas bananeras, según el autor Orlando Villanueva, fue el pintoresco Biófilo Panclasta, célebre por sus osadías acaecidas en diferentes lugares del mundo.

A su vez, estuvieron presentes libertarios como Carlos F. León y Luis A. Rozo, así como luchadores sociales del talante de Raúl Eduardo Mahecha y María Cano; también el militante del PSR, Servio Tulio Sánchez, quien luego de varias acciones violentas emprendidas pretendió convencer al internacionalista alemán Rudolf Grossman de organizar un ejército revolucionario. De igual forma se puede mencionar al peruano Nicolás Gutarra o al griego Evangelista Priftis, entre otros libertarios que contribuyeron al legado radical e internacionalista durante dicho periodo.

El libro Pasado y Presente del Anarquismo y del Anarcosindicalismo en Colombia (Utopía Libertaria, 2011), editado por el Centro de Investigación Libertaria y Educación Popular (CILEP) (2), con el apoyo de la Corporación Para la Educación, el Desarrollo y la Investigación Popular CED-INS y de la Confederación General del trabajo (CGT) del Estado Español, es una contribución de alto calibre desde lo teórico-político para analizar el pasado de estas corrientes. Mauricio Flórez Pinzón y Diego Paredes Goicochea desarrollan en este texto el aspecto organizativo de lo surgido en la década de 1920, donde concuerdan en que el trayecto del anarquismo finaliza en 1930 luego de una sangrienta década donde el Estado persiguió y liquidó a parte de la militancia.

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Cabe señalar que durante dicho periodo se puede observar la intención de ‘unidad de clase’, aspecto alcanzado dentro de los acuerdos de los Congresos Obreros (1924 a 1928) que culminaron en divisiones del movimiento revolucionario por diferencias entre liberales, anarquistas y marxistas de la época.

II. Somos hijos e hijas de nuestra época

La primera ola del socialismo en Colombia (1909-1919) tuvo características que son de acotar para este fin, pues allí se rechazó el verticalismo y las políticas tanto conservadoras como liberales. En 1913, trabajadores de fábricas y artesanos constituyeron la Unión Obrera de Colombia, organización que tuvo un componente ideológico mutualista. A su vez, en el Manifiesto Obrero de 1916 se declararon obreros libres antiautoritarios.

En la segunda edición del libro Anarquismo y anarcosindicalismo en América Latina (2009), Alfredo Gómez-Muller recoge la presencia de militantes anarquistas en los años veinte y las problematiza con el liberalismo, el marxismo y el conservadurismo de la época. Del mismo modo, afirma que durante esta década las organizaciones sindicales creadas por trabajadores del transporte, de los servicios públicos o portuarios, fueron expresiones obreras con clara influencia anarquista y socialista.

En estos años de organización social sobrevienen relaciones entre anarquistas y miembros del Partido Socialista Revolucionario (PSR), donde comunistas ortodoxos señalan a María Cano y a Raúl Eduardo Mahecha con el apelativo de anarquistas, deformando el significado. En ese mismo sentido, la actitud sectaria no soportó la heterodoxia de Mahecha y el impacto que generaba en el conjunto del movimiento popular, incluso en los libertarios. Por la influencia que se tornaba cada vez más irrebatible, militantes de otro orden fueron asociados con supuestas filiaciones anarquistas, como Juan de Dios Romero, quien no escatimó esfuerzos en dar respuesta, aclarando no ser anarquista pero respaldando a quien lo fuera:

[…] no somos anarquistas porque aún nos consumimos en este ir y venir de los odios y las rivalidades, y el anarquismo es un ideal hoy, y mañana una realidad, en la que no existiera [sic] esas manifestaciones de minúscula avaricia.

Pero quienes aspiran a iluminar el cerebro con la antorcha de la verdad social no son, no pueden ser, enemigos del anarquismo; por el contrario, están en la obligación de hacerle calle de honor al anarquismo, porque la historia del proletariado está ribeteada de [sus] hazañas en favor del pueblo. (El Socialista, 1928, Nº 533)

Para este momento, Gilberto Vieira, histórico secretario general del Partido Comunista Colombiano (PCC), utilizó el anarquismo como adjetivo para descalificar a Erasmo Valencia, situación que se reprodujo con frecuencia entre sus copartidarios para hablar de liderazgos sociales no comunistas:

La lucha se extendió a otras regiones vecinas, especialmente a una región muy montañosa conocida como el páramo de Sumapaz, donde había un movimiento agrario muy fuerte que no había sido influenciado por los comunistas, sino por un dirigente anarquista llamado Erasmo Valencia. (Harnecker, 1988, pp.19-20)

III. La comunicación también es un deporte de combate

La propagación de las ideas anarquistas en Colombia se dio a través de los medios de comunicación autogestionados que existieron en la década de 1920. Estos difundieron, además de denuncias y actividades, otros elementos de la construcción ideológica: el periódico barranquillero Vía Libre; en Bogotá, el grupo sindicalista Antorcha Libertaria y su órgano de difusión La Voz Popular; la Federación Obrera del Litoral Atlántico y el Grupo Libertario de Santa Marta con el semanario Organización.

Al igual que La Voz Popular, se puede caracterizar a Vía Libre como un periódico netamente anarquista. A los temas centrales del proyecto anarquista expuestos por el periódico bogotano, Vía Libre agrega la lucha antimilitarista, el problema de la mujer, el carácter de la prensa revolucionaria, y reproduce artículos y pensamientos de anarquistas notorios de otras partes: Eliseo Reclus, Kropotkin, Anselmo Lorenzo, etc. (Flórez, 2011).

Previamente, bajo premisas liberales, el periódico El Neogranadino dirigido por el galo Manuel Murillo Toro a mediados del siglo XIX, difundió las ideas del mutualista francés Pierre-Joseph Proudhon, uno de los precursores del pensamiento anarquista. Posteriormente sucedió con Ravachol en Bogotá, medio que contribuyó al desarrollo de la cultura política obrera hasta el momento de la censura. En 1926 en Pensamiento y Voluntad la crítica anarcosindicalista trascendió del ‘radicalismo liberal’ que reprobaba a la Iglesia Católica, realizando fuertes valoraciones a la “estrecha conexión entre religión, Estado y capitalismo e incitó a los obreros a rebelarse por igual contra todos los baluartes del autoritarismo” (Paredes, 2011).

En los años setenta y ochenta reapareció el legado con organizaciones y medios de comunicación de talante autonomista. En 1974 la organización Base Obrera, conformada por antiguos militantes bogotanos y boyacenses, lanzó un periódico con el mismo nombre donde promovió la auto-organización clasista del proletariado, “un órgano político informativo al servicio de la clase obrera y las masas populares”, que buscó darle voz a los trabajadores protagonistas de diferentes conflictos, más allá de la cercanía ideológica. Base Obrera, aunque no perduró en el tiempo, se propuso construir la emancipación social desde la base.

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Para la década de 1980 es de resaltar el trabajo de los corresponsales de la Revista Comunidad, medio editado por un grupo de uruguayos exiliados, donde se promovió la organización social y la autogestión. En la misma década hubo experiencias agotadas rápidamente como la Brigada Llamarada y Antorcha Libertaria (de las que existe poco registro documental). Para inicios de los noventas surgió la revista Biófilos, un medio difusor de carácter pacifista que criticó bruscamente los procesos revolucionarios de la izquierda latinoamericana. En menor medida surgieron expresiones de acción directa y propaganda como Anarquistas al Combate, grupos que proponían la denuncia y la confrontación contra el Estado como forma de lucha contra el capitalismo.

Posteriormente surgió el Grupo de Acción Estudiantil, un proyecto cultural y editorial después conocido como Colectivo Alas de Xue. Dicho colectivo trabajó en lo identitario del anarquismo, partiendo de la tradición histórica mundial, aunque enfocados en generar concepciones de orden territorial como el denominado anarcoindianismo, fruto del relacionamiento con algunas comunidades indígenas y su idea de ‘lo raizal’ en el anarquismo. Quizás su aporte principal sea el libro publicado en 1999: Una historia del anarquismo en Colombia: crónicas de utopía.

IV. Bogotá: la experiencia de una nueva generación

Como mencioné anteriormente el anarquismo desaparece del escenario nacional terminada la década de 1920. De acuerdo a las reflexiones de la historia del anarquismo y el anarcosindicalismo de esa década, resulta sugerente apreciar qué aspectos de esas luchas se retomaron (o no) décadas después a nivel local.

En el caso particular de Bogotá, las distintas corrientes han aplicado formas de organización específicas que han generado desencuentros como consecuencia de las diferencias políticas e ideológicas. De acuerdo a esta multiplicidad de expresiones distingo rasgos característicos del contexto en que se inscriben algunas de las organizaciones (3). Cabe señalar que no busco justificar algún modo de organización social para desvalorar otro, por el contrario, este ejercicio surge con la intención de sumar al análisis el aspecto coyuntural de la constitución de los actores.

Un colectivo pionero fue Mujeres por la Resistencia, una iniciativa surgida a partir de la banda de anarcopunk Polikarpa y Sus Viciosas conformada en 1994 y que hasta la fecha continúa activa. Ellas posicionaron en la batalla cultural las luchas de las mujeres, factor que estuvo prácticamente invisible por décadas. Impulsó la participación de las mujeres en diferentes espacios de la política y la cultura con ideas contra el sexismo y una propuesta musical anticapitalista. Asimismo, realizaron varios eventos con mujeres excombatientes de la insurgencia y víctimas del conflicto armado, llevando discusiones políticas a distintas ciudades de Colombia y países de Europa.

Por otro lado, en el año 2002, la Coordinadora Libertaria Banderas Negras comenzó a hacer presencia como colectivo en la ciudad. Estuvo integrada por personas y colectivos que venían de otros intentos organizativos y acordaron retomar lo decantado en las “Primeras Jornadas Libertarias” llevadas a cabo en 1998 en el contexto de las luchas contra la globalización y el creciente modelo neoliberal.

Con el fin de que las Jornadas Libertarias significaran espacios amplios de encuentro, sus ediciones estuvieron copadas no solo de anarquistas sino también de jóvenes y estudiantes que participaron en los conversatorios, marchas y actividades culturales realizadas, mientras otras personas se fueron sumando como integrantes de la iniciativa.

Dicha organización logró expandir el pensamiento libertario en la ciudad y hasta cierto punto generó lazos con otros colectivos del país. Realizó numerosas actividades que llevaron a cabo sus colectivos en contra del militarismo y la represión estatal. Afrontaron el trabajo con presos políticos y realizaron cineclubes y conversatorios tratando diferentes problemáticas sociales. También hubo ejercicios de investigación aunque poco conocidos o divulgados.

Para Diego Paredes, quien fue integrante de esta Coordinadora, una de las actividades importantes que convocaron se dio en el centro financiero de la ciudad: una manifestación contra las empresas multinacionales que hizo notoria en las calles la presencia libertaria la cual se encontraba apagada hacía décadas.

Su visibilidad y mayor periodo de activismo se dio en el marco de los cambios en las políticas de seguridad nacional a nivel mundial, implementadas luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. La brutalidad policial se hizo más cruda y Bogotá no fue la excepción. La Coordinadora estuvo presente en varias de las protestas reprimidas contra las facetas crecientes del sistema financiero que variaba el panorama económico y geopolítico mundial. Bajo consignas anticapitalistas rechazaron la firma del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), las maniobras del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el para entonces proyecto de Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Colombia y Estados Unidos, entre otros sometimientos orquestados por el imperialismo norteamericano desde las cuales se gestaron agendas de respuesta y movilización.

Para entonces el movimiento estudiantil era muy débil, las actividades y expresiones contestatarias posicionaron a los libertarios y en particular el trabajo de la Coordinadora como una referencia de organización social en la ciudad. En eso llegó la relación de la Coordinadora con la contracultura: “(…) fue un escenario de unidad para el anarcopunk y una vertiente del hardcore que llamamos hardcore político o hardcore/punk; gran parte de personas que hacían parte de la Coordinadora venían de estos espacios de contracultura”, aseveró Paredes (4).

Esta organización se difuminó hacia el año 2005, no dejó más que algunos registros y menciones difusas. La Coordinadora fue criminalizada justo en el periodo que fue asesinado por el Escuadrón Movil Antidisturbios (ESMAD) de la Policía el joven Nicolás Neira, de 15 años, situación que desató todo tipo de artimañas mediáticas y persecutorias hacia quienes fomentaban el pensamiento ácrata y la lucha contra el sistema capitalista. Tras su desintegración, parte de sus integrantes continuaron en divergentes procesos sociales y políticos de la ciudad.

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Otro de los grupos de la ciudad fue la Cruz Negra Anarquista (CNA), creada entre los años 2002 y 2003, tiempo después convertida en un eje de trabajo del grupo Bifurcación Anarquista, colectivo que rescató la historia y la tradición anarquista mundial concentrando su trabajo en la propaganda, la difusión ideológica y el tratamiento de problemáticas como la represión policial y el sistema carcelario. “Trabajamos desde una perspectiva de anarquismo sin adjetivos”, afirmó Marco Sosa, miembro del colectivo. La CNA estuvo inmersa en coordinaciones de campañas por la libertad de los presos políticos, además realizó acompañamiento en cárceles y participó en huelgas sindicales.

Bifurcación Anarquista creó el periódico Bifurcar, medio difusor de ideas antiautoritarias donde se mantuvo una posición de lucha extraparlamentaria contra el Estado. A su vez, en el marco del acompañamiento a presos políticos, se conformó desde la prisión una organización autónoma llamada Cruz Negra Anarquista Desde Adentro, con el caso particular de un preso político de las extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) que estando en la cárcel se convirtió en anarquista.

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El 20 de junio de 2010 (en conmemoración al tercer Paro Cívico Nacional de 1985) sale a la luz el Grupo Libertario Vía Libre, una organización de inclinación anarcocomunista. Este grupo participa en el campo estudiantil desde el Grupo Estudiantil Anarquista (GEA), una articulación de colectivos y “militantes independientes” que desarrollan trabajo en diferentes universidades de la ciudad con la intención de “construir una corriente estudiantil libertaria que fortalezca el movimiento estudiantil desde una estrategia de empoderar los procesos de base de los estudiantes”, según afirmó Juan José Mariño, integrante de Vía Libre. De la misma manera explicó cuáles son sus referentes políticos y desarrollos teóricos:

La organización se reivindica políticamente como anarcocomunista, parte de una corriente mundial que plantea la necesidad de un anarquismo social, o sea, societal, que se piensa en términos de una propuesta de sociedad; es organizado, que piense que es necesario la organización social, la organización política; y dualista, que diferencia entre las distintas instancias de actuación que se dan en el campo de lo social. Dentro de esa doble tradición se viene de dos grandes referentes: un referente europeo, que es la Plataforma Organizacional para la Unión General de los [sic] Anarquistas, un documento escrito por Dielo Trudá (Causa Obrera) que agrupaba a Arshinov (Piotr), a Majnó (Néstor) y a otros líderes de la revolución rusa y ucraniana en el exilio parisino de 1926 y que propone básicamente que las anarquistas que compartan una serie de acuerdos deben organizarse a partir de prácticas como la unidad táctica, la unidad teórica, el federalismo (…). Esa corriente, lo plataformista a nivel mundial, ha tenido una serie de desarrollos latinoamericanos muy valiosos, especialmente como el caso chileno. Y por otro lado, la tradición del especifismo latinoamericano que fue planteado por la Federación Anarquista Uruguaya (FAU) a partir de la década de los sesenta en ese país, como una perspectiva de que era necesaria que las anarquistas se organizaran en una unión política revolucionaria que desarrollara una estrategia de ruptura con el orden social (…), esas son nuestras prácticas ‘frentistas’ que, insisto, desarrollamos con compañeros independientes y dentro de la autonomía de los diferentes procesos en los que participamos.

Esta organización participa además en Acción Libertaria, un colectivo que desarrolló los Seminarios Militantes, espacios permanentes de formación política sobre las tradiciones anarquistas y el pensamiento político contemporáneo. Igualmente hacen parte de la Coordinadora de Procesos de Educación Popular En Lucha, articulación de colectivos que trabajan en distintos barrios a partir de pre universitarios y pre ICFES alternativos (5).

Venimos publicando una serie de artículos que hemos llamado “de diferenciación política”, donde aclaramos algunas de nuestras perspectivas en temas como la lucha de clases, la interseccionalidad donde se unen las diferentes opresiones sociales, de género, de sexo, de raza, y en esa perspectiva hemos participado internacionalmente del portal virtual anarkismo.net.

Acción Libertaria cuenta con un periódico que lleva su mismo nombre, el cual Mariño denomina como “una publicación amplia (…), prensa de combate inspirada en principios anarquistas, proyecto editorial que luego fue fusionado con el Centro de Investigación y Acción Libertaria (CIAL) como herramienta de trabajo teórico y comunicativo”.

V. “Un nuevo ethos colectivo”: hacia alternativas libertarias que construyen poder popular (6)

Otra de las organizaciones que marcó un hito en la historia reciente de las expresiones anarquistas y libertarias fue la Red Libertaria Popular Mateo Kramer, organización creada a finales de 2008 la cual articuló los énfasis de cada colectivo con el criterio político común del poder popular. El trabajo juvenil fue su marco concreto de acción y lo hizo a través de la contracultura, la educación popular, la lucha antipatriarcal y el feminismo, el ecosocialismo y el antiespecismo, el trabajo de base, la investigación militante, la autogestión, la horizontalidad, y en general desde principios anticapitalistas que fueron formando parte de las prácticas y el soporte ideológico. La Red tomó la decisión de terminarse como organización en su última Asamblea General realizada en septiembre de 2014, no sin antes debatir los próximos rumbos políticos y organizativos posibles.

Para continuar con este propósito, realicé un trabajo de investigación documental (7) retomando la construcción ideológica y discursiva de los colectivos de la Red, donde caracterizo lo cimentado en las Asambleas Generales, Cátedras Libertarias, medios de difusión, grupos de afinidad, escuelas de formación política, articulaciones organizativas y movilización en las calles. Un documento que no pretende estar en los anaqueles del anarquismo ni de la juventología, sino consignar desde un periodismo militante, deliberativo y enraizado, algunas experiencias que no tienen por qué sumarse a la historia de censura y autocensura. Una memoria que comparte las ambiciones incorruptibles de cambiar el mundo aquí y ahora, más que en perder el tiempo en discusiones banales.

A modo de cierre provisorio, cabe decir que los prejuicios y las carencias en la formación política son enemigas del diálogo y promueven el anquilosamiento de las vertientes de la izquierda revolucionaria. Parte de las corrientes políticas sectarias consideran la relación con otras organizaciones e ideologías una deslealtad. Piensan que solo se pueden organizar junto a otros iguales, sin proponer cambios sociales u objetivos que se puedan realizar en un mundo diferente al de su doctrina, un mundo a todas luces inexistente y al que no se llega por ósmosis. Incorporar la dialéctica entre el pensar y el hacer (filosofía de la praxis) en el pensamiento libertario es imperativo para no reproducir prácticas que pueden llegar a ser tan marginales y autoritarias como las sectas estalinistas que siempre hemos criticado. Por consiguiente, me aparto de definiciones totalizantes de las identidades políticas, así como de las prácticas militantes y la investigación social, pues considero que con un sistema cerrado no podemos ubicar a los actores en un contexto y momento histórico propio.

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Notas:
  1. “Se estimaron en 5000 los trabajadores que estaban en la plaza cuando fueron rodeados por los 300 hombres armados. Contaban los sobrevivientes que después de un toque de corneta el propio Cortes Vargas dio la orden de fuego por 3 veces, sin embargo, nunca se supo cuantos muertos hubo: las narraciones populares orales y escritas difieren: de 800 a 3 mil, y agregan que los botaron al mar. Las oficiales admitieron de 15 a 20”. Artículo de María Tila Uribe (2013). Consultado en: http://prensarural.org/spip/spip.php?article1726
  2. El CILEP fue un colectivo de investigación militante que hizo parte de la Red Libertaria Popular Mateo Kramer.
  3. Existen en el país otras expresiones individuales y colectivas que se denominan libertarias o anarquistas: artistas, procesos estudiantiles, librerías, bandas musicales, poetas, centros sociales y culturales, entre otras, las cuales no fueron motivo de mención para este artículo.
  4. Las entrevistas a integrantes de la Coordinadora Libertaria Banderas Negras, la CNA y el Grupo Libertario Vía Libre, fueron realizadas por Radio Despertar Libertario en una de sus emisiones del año 2013.
  5. El ICFES es una prueba de Estado de carácter obligatorio para los estudiantes de último grado de secundaria en Colombia.
  6. Para analizar algunas facetas del debate, recomiendo consultar los artículos del CILEP y del brasilero Felipe Corrêa. El libro Anarquismo y Poder Popular (Ediciones Gato Negro-Distribuidora Rojinegro, 2011) y textos de militantes de Alternativa Libertaria (Chile) también ampliaron la discusión. Por otro lado, justo en coyunturas donde se reavivan viejas discusiones, sugiero el libro Anarquismo social o anarquismo personal. Un abismo insuperable, de Murray Bookchin.
  7. La investigación completa en la que se basa este artículo se puede consultar en la biblioteca de la Universidad Pedagógica Nacional, en Bogotá, o directamente con el autor.

*Sergio Segura es periodista, magíster en investigación social de la Universidad Pedagógica Nacional y becario doctoral en derechos humanos de la Universidad Nacional de Lanús.