¡Feliz cumpleaños Otto René Castillo!

Hoy, 25 de abril, cumpliría 84 años el poeta guatemalteco Otto René Castillo. Nuestra Revista Lanzas y Letras toma su nombre de una publicación similar que él, junto a otros jóvenes bohemios y revolucionarios, editó en la Universidad San Carlos de Guatemala a principios de los 60.

Su obra fue abundante para los escasos 30 años que le permitieron vivir las fuerzas represivas: en 1967 lo capturaron junto a Nora Paiz y otras 13 personas; a ella y a él, los más conocidos, los quemaron vivos.

“Compañeros míos
yo cumplo mi papel
luchando
con lo mejor que tengo.
Qué lástima que tuviera
vida tan pequeña,
para tragedia tan grande
y para tanto trabajo”

Cuenta la leyenda que el mismo militar encargado de la tortura le echaba en cara su poema ‘Vámonos Patria a caminar’: mientras tajeaba su cuerpo con una Gillette atada a una caña de bambú antes de arrojarle gasolina le decía: “¿Así que vos sos el poeta, el que dice que nosotros los militares orinamos en el muro de la Patria, y en cambio vos ‘has de morir para que la Patria no muera’? Pues sí que vas a morir”. El ensañamiento fue brutal. Su cuerpo continúa desaparecido.

A los represores les molestaban sus verdades, su compromiso y su poesía. Como modestos admiradores de su obra, desde esta renovada Revista Lanzas y Letras que homenajea a la que él fundó, les compartimos entonces, en esta fecha especial, el poema que más lo identificaba y que más enfureció a sus verdugos:

Vámonos Patria a caminar

1
Para que los pasos no me lloren,
para que las palabras no me sangren:
canto.
Para tu rostro fronterizo del alma
que me ha nacido entre las manos:
canto.
Para decir que me has crecido clara
en los huesos más amargos de la voz:
canto.
Para que nadie diga:  ¡tierra mía.!
con toda la decisión de la nostalgia:
canto.
Por lo que no debe morir, tu pueblo:
canto.
Me lanzo a caminar sobre mi voz para decirte:
tu, interrogación de frutas y mariposas silvestres,
no perderás el paso en andamios de mi grito,
porque hay un maya alfarero en tu corazón,
que bajo el mar, adentro de la estrella,
humeando de las raíces, palpitando mundo,
enreda tu nombre en mis palabras.
Canto tu nombre, alegre como un violín de surcos,
porque viene al encuentro de mi dolor humano.
Me busca del abrazo del mar hasta el abrazo del viento
para ordenarme que no tolere el crepúsculo en mi boca.
Me acompaña emocionado el sacrificio de ser hombre,
Para que nunca baje al lugar  donde nació la traición
Del vil que ató tu corazón a la tiniebla, negándote!
2
Vámonos patria a caminar, yo te acompaño.

Yo bajaré los abismos que me digas.
Yo beberé tus cálices amargos.
Yo me quedare ciego para que tengas ojos.
Yo me quedare sin voz para que tú cantes.
Yo he de morir para que tú no mueras,
para que emerja tu rostro flameando al horizonte
de cada flor que nazca de mis huesos.

Tiene que ser así, indiscutiblemente.

Ya me cansé de llevar tus lágrimas conmigo.
Ahora quiero caminar contigo, relampagueante.
Acompañarte en tu jornada, porque soy un hombre
del pueblo, nacido en octubre para la faz del mundo.
Ay, patria,
A los coroneles que orinan tus muros
tenemos que arrancarlos de raíces,
colgarlos en un árbol de rocío agudo,
violento de cóleras del pueblo.
Por ello pido que caminemos juntos.  Siempre
con los campesinos agrarios
y los obreros sindicales,
con el que tenga un corazón para quererte.

Vámonos patria a caminar, yo te acompaño.

3
Pequeña patria mía, dulce tormenta,
Un litoral de amor elevan mis pupilas
y la garganta se me llena de silvestre alegría
cuando digo patria, obrero, golondrina.
Es que tengo mil años de amanecer agonizando
y acostarme cadáver sobre tu nombre inmenso,
flotante sobre todos los alientos libertarios,
Guatemala, diciendo patria mía, pequeña campesina.

 Ay, Guatemala,
cuando digo tu nombre retorno a la vida.
Me levanto del llanto a buscar tu sonrisa.
Subo las letras del alfabeto hasta la A
que desemboca al viento llena de alegría
y vuelvo a contemplarte como eres,
una raíz creciendo hacia la luz humana
con toda la presión del pueblo en las espaldas.
¡Desgraciados los traidores, madre patria, desgraciados.
Ellos conocerán la muerte de la muerte hasta la muerte!

¿Por qué nacieron hijos tan viles de madre cariñosa?

Así es la vida de los pueblos, amarga y dulce,
pero su lucha lo resuelve todo humanamente.
Por ello patria, van a nacerte madrugadas,
cuando el hombre revise luminosamente su pasado.
Por ello patria,
cuando digo tu nombre se rebela mi grito
y el viento se escapa de ser viento.
Los ríos se salen de su curso meditado
y vienen en manifestación para abrazarte.
Los mares conjugan en sus olas y horizontes
tu nombre herido de palabras azules, limpio,
para lavarte hasta el grito acantilado del pueblo,
donde nadan los peces con aletas de auroras.

La lucha del hombre te redime en la vida.

Patria, pequeña, hombre y tierra y libertad
cargando la esperanza por los caminos del alba.
Eres la antigua madre del dolor y el sufrimiento.
La que marcha con un niño de maíz entre los brazos.
La que inventa huracanes de amor y cerezales
y se da redonda sobre la faz del mundo
para que todos amen un poco de su nombre:
un pedazo brutal de su montañas
o la heroica mano de sus hijos guerrilleros.

Pequeña patria, dulce tormenta mía,
cuanto ubicado en mi garganta
desde los siglos del maíz rebelde:
tengo mil años de llevar tu nombre
como un pequeño corazón futuro
cuyas alas comienzan a abrirse a la mañana.

Castillo, Otto René. Vamos patria a caminar. Guatemala: F&G Editores, octubre2017.