“No me sorprendería un renacer del movimiento progresista o socialista en la región”: David Harvey

David Harvey es un geógrafo marxista británico especializado en urbanismo y considerado uno de los pensadores más influyentes en el análisis de los conflictos que se dan en las ciudades producto del capitalismo neoliberal. Compartimos las reflexiones dadas al portal Marcha (Argentina) en el marco del taller “La clase trabajadora hoy: procesos de organización, desafíos y perspectivas” organizado por la Fundación Rosa Luxemburgo junto al Centro de Estudios e Investigaciones Laborales CEIL – CONICET*.

Por Carina López Monja, Francisco Farina, Vivian Palmbaum y Sergio Segura / Traducción Diego di Risio. 

Marcha Noticias: ¿Qué escenario percibe en América Latina después del ciclo de los gobiernos de centro-izquierda y progresistas?  

David Harvey: Pienso que el movimiento progresista no fue del todo progresista; en algún sentido hubo avances en cuestiones redistributivas, pero no hubo un enfrentamiento directo con la clase burguesa o las élites. Por otro lado, desde afuera, lo que me parece que puede haber despertado esto es la idea de un movimiento progresista que vaya más a fondo. Entonces no me sorprendería ver un renacer del movimiento progresista o socialista en la región. Podemos ver algunas señales, informes de movilizaciones masivas por lo de Marielle Franco o vemos también movilizaciones masivas acá, estas son señales de que la izquierda podría llegar a volver. Una gran pregunta entonces es: ¿Qué tipo de liderazgo de izquierda va a resurgir para dar dirección a este movimiento? Si es una restauración de lo que estaba antes, tal vez no funcione: tiene que haber, pues, un nuevo liderazgo y una nueva dirección; pero esta es solamente mi impresión.

M.N.: El trabajo está en un enorme retroceso en todo el mundo… ¿Qué destino ve hoy para el mundo del trabajo?

D.H.: Pienso que todas las dimensiones del trabajo dentro del capitalismo actual están en una transformación masiva: hay una parte de la discusión que es la introducción de las nuevas tecnologías, pero hay otra parte que es la integración de los mercados y cómo están funcionando y retroalimentándose. Hoy justo estaba preguntando por lo que había pasado con las empresas recuperadas, las imprentas específicamente, y veo que enfrentan dos grandes desafíos: por una lado, las nuevas tecnologías digitales de offset; y la segunda dimensión es que la gente ya lee sus noticias de las redes sociales y medios digitales, entonces, ¿qué hacen estas imprentas para vivir? Así como en los años setenta y ochenta, vimos una desindustrialización masiva a partir de la introducción de tecnologías, hoy lo estamos viendo en el sector de servicios. Esto pone un desafío muy grande para la izquierda, donde en aquellos años enfrentó los procesos de desindustrialización y perdió. ¿Hoy en día va a perder también en los sectores de servicios? Tiene que haber un proceso de reflexión muy profunda de cómo vamos a lidiar con estas nuevas tecnologías para darle una salida socialista.

M.N.: Pero también en la región la economía se ha informalizado, hay un gran sector que hoy no es asalariado…

D.H.: En todos lados, incluso ciertas personas jóvenes que recién conocen eso, les gusta. Trabajan seis meses en un café y después dicen “chau”, y se van, están todo el tiempo moviéndose y eso les parece entretenido, cuarenta años en un mismo trabajo les parece completamente aburrido.

M.N.: En el libro Ciudades Rebeldes hablas de la precarización laboral en la juventud a escala mundial, un sector de la sociedad que sufre de manera particular las consecuencias de la gentrificación, del crecimiento desproporcionado de las ciudades, de la represión, la falta de educación y el desempleo.

D.H.: En la gran mayoría de los lugares que conozco, la posibilidad de ascenso social ha declinado. Por ejemplo, como tengo un ingreso razonable puedo ayudar a mis hijos a acceder a una vivienda y a otros tipos de necesidades que tengan. Puedo ayudarlos a que profundicen sus carreras universitarias o que tengan mayor nivel de educación y eso lo que genera es estratificar y solidificar la sociedad en segmentos. Lo que termina resultando es que para un sector puede haber un futuro razonable y para otra capa ningún tipo de futuro.

M.N.: Las ciudades se están transformando rápidamente con la especulación inmobiliaria, ¿hay debilidades o contradicciones de esta ofensiva del capital?

D.H.: No veo muchas debilidades, más bien veo muchas fortalezas. Hay un proceso donde las ciudades dejan de ser un lugar para habitar y se convierten en un lugar para invertir, donde hay muchos condominios, mucho dinero puesto en edificios para ricos pero no en casas decentes para la vivienda, esto es lo que llamo “la locura del capital” y eso da como resultado que los movimientos que han emergido en los últimos veinte años tienen como uno de sus puntos centrales la vida diaria en las ciudades.

M.N.: En ese sentido la especulación inmobiliaria en la Ciudad de Buenos Aires como en otras ciudades no para de crecer.  ¿El combo deuda-créditos puede generar una crisis?

D.H.: Más que una posibilidad, eso es una certeza.

M.N.: En esa perspectiva, ¿cuál es la tarea de los movimientos urbanos?

D.H.: Una de las tareas es tomar la ciudad para prevenir que el capital se aloje en las ciudades. Hay un ejemplo en Londres, donde se empujó al movimiento laborista por parte de varios movimientos para que esto no pasara. Lo que terminó sucediendo es que la mitad del movimiento laborista tuvo que frenar a la otra mitad del sector que estaba en el gobierno. Hay una división en la izquierda entre aquellos que están gerenciando el neoliberalismo y los que están viniendo de abajo diciendo: “no queremos más eso”.

M.N.: En la actualidad, muchos políticos de derecha hablan de “vivir mejor”. Creemos que ahí surge el desafío desde los movimientos populares de proponer la idea de vida digna, de pensar el derecho a la ciudad con esta concepción de transformar el territorio urbano no bajo la lógica del mercado y el consumo sino como espacio común bajo nuevas lógicas y relaciones sociales.

D.H.: Creo que Marielle Franco en Brasil tuvo un eslogan de campaña que era “Si la ciudad fuera nuestra”. Eso tuvo mucha repercusión y alcanzó el 37 % de los votos por sobre los evangelistas, y creo que un eslogan de ese tipo puede traer unidad en la gente y hacer una ciudad diferente. Al mismo tiempo, esto se relaciona con los fondos de pensión: si uno pudiera estar tomando el control de los fondos de pensión estos se podrían estar invirtiendo en casas dignas, en acceso a la vivienda, en lugar de invertir en grandes edificios y especulación.

Estos conceptos también los usa la burguesía, no es un problema del eslogan en sí sino de quién lo toma, cómo lo usa y para qué. La izquierda es la que tiene que darle contenido a esos conceptos, eso es lo que me gustó de la campaña que se presentó como una pregunta. Marx dijo en El Capital que los trabajadores y la burguesía tenían los mismo derechos, y ante igualdad de derechos la fuerza decide.

*El taller se dio en el marco de la edición 36 del congreso “International Labour Process Conference”.