Alberto Castilla en primera persona: “Somos parte de las luchas campesinas”

Adelanto del libro “Así llegamos las comunidades campesinas al Senado” del primer líder campesino en llegar al Congreso de la República, postulado nuevamente por el Polo Democrático Alternativo en estas elecciones.

Por Alberto Castilla*. Nuestra principal apuesta, nuestro principal acierto en este primer ciclo de gestión legislativa, fue haber presentado el proyecto para que los derechos de los campesinos sean incorporados en la Constitución. Esa iniciativa propone que el campesinado sea reconocido como sujeto político de derechos.

Acertamos también cuando nos propusimos construir ese proyecto desde abajo, con la gente, en la base. Así logramos que el proyecto tenga un protagonista principal: el campesinado, un sector fundamental de la sociedad. El proyecto de reconocimiento que presentamos está incluido en todas las plataformas del movimiento campesino, todas las propuestas del campesinado incluyen el reclamo de su reconocimiento como sujeto político, en eso no hicimos más que dar forma a una exigencia muy sentida.

Los proyectos presentados por Alberto Castilla siempre han sido acompañados y protagonizados por el movimiento social. [Foto: cortesía La Fogata Editorial]
Los proyectos presentados por Alberto Castilla siempre han sido acompañados y protagonizados por el movimiento social. [Foto: cortesía La Fogata Editorial]

Otras iniciativas legislativas muy importantes que impulsamos junto a otros legisladores del Polo Democrático Alternativo fueron, por ejemplo, el debate sobre la injusticia que se comete con los pensionados; propusimos disminuir la cotización en salud del 12 al 4 %. Me tocó dar esas discusiones desde la Comisión Séptima del Senado. Otros proyectos tuvieron como objetivo garantizar derechos a los trabajadores que sufren un accidente de trabajo o adquieren una enfermedad de origen laboral. Es decir, estamos potenciando, desde la labor legislativa, luchas de distintos sectores sociales que hasta ahora encontraban los espacios cerrados.

Por eso decimos “Abrir campo”: hoy esas peleas están mejor instaladas. Contribuimos a ello por medio de Audiencias convocadas desde el Congreso, o yendo a diferentes partes del país a acompañar la denuncia ante desalojos y reclamos por falta de vivienda en las principales ciudades. Siempre buscamos, con mi labor legislativa, que la gente tenga el protagonismo, que exponga cuáles son sus problemas en materia de salud, de derechos laborales, de falta de garantías para los ciudadanos presos. Lo mismo ante el despojo que sufren comunidades en todo el país por un modelo de desarrollo que las avasalla: los legisladores debemos ser aliados de las luchas sociales, allí y no en nuestra curul está el protagonismo.

Parte de la vieja política es pensar que, cuando uno llega a la institucionalidad, tiene que devolver favores. No es así, porque cuando se elige a un candidato del movimiento social, del campesinado, como es mi caso, no se le hace a esa persona ningún favor personal. Por el contrario, la apuesta es a un proyecto colectivo, entonces yo no siento que deba devolver favores desde lo personal. Sí, en cambio, cumplir con lealtad el mandato para el cual me votaron, que es poner la curul en función de la gente.

Si procedemos de esa forma cuando logramos un espacio en las instituciones, eso puede ser un buen ejemplo. Últimamente veo que hay mujeres, colectivos de mujeres que ven esa posibilidad. Indígenas, afros, que reconocen que sí se puede hacer una gestión legislativa distinta, manteniendo la lealtad a las bases sociales que lo proyectan a uno. Por eso valoro mucho cuando me invitan a reuniones o asambleas. Allí me presento como uno más, sentado en las mesas que compartimos por igual.

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Las mismas organizaciones que a los políticos siempre los chiflaron, los sacaron de los escenarios, a nosotros nos invitan a estar ahí. Esa confianza ganada nos va quedando como patrimonio. Debemos aprender de estas experiencias, esto también es parte de la lucha y, como toda lucha, vendrán otros que deberán darle continuidad, también en las instituciones.

Uno llega sin saber cómo es este mundo del Parlamento. Una vez allí empieza un aprendizaje. La forma como se toman las decisiones, las prácticas, todo eso uno tiene que aprenderlo. Yo creo que recién cuando uno va terminando este primer período aprendió un poco como es esto, porque cuando llegamos venimos de otra realidad, de otra cultura militante y no estamos preparados para desempeñarnos en un ámbito tan distinto a nuestra realidad como es este Congreso. No nos hemos educado para eso.

Alguno puede pensar que va a llegar aquí y cambiar todo, otros piensan que no se puede cambiar nada. Nosotros fuimos dándonos cuenta que hay un punto intermedio, que sí se puede hacer algo útil para los proyectos populares desde este nivel de la institucionalidad.

Por eso no me quedé estancado en las dificultades, sino que busqué exigirme más para comprender algunas cosas. Por momentos he tenido que hacer un doble esfuerzo, pero eso no es un obstáculo para ejercer este rol, es apenas una dificultad a superar.

En lo colectivo, creo que hubo momentos de lucha muy importantes, a los que buscamos apoyar desde la curul pero no supimos bien cómo potenciar de mejor manera. Ese balance autocrítico creo que nos toca a los compañeros que ejercemos una responsabilidad representativa, y a los compañeros que dinamizan desde el movimiento social. Volcar una curul al servicio de la lucha social es una tarea de parte y parte, tarea que hicimos constantemente pero que, en algunos casos, hay que reconocer que no logramos potenciar.

Autocríticamente, debemos asumir que los movimientos sociales tenemos un discurso que plantea que hay que cambiar todo con la movilización, pero cuando alguna acción legislativa como los proyectos que hemos presentado requiere de la movilización, nos ha faltado contundencia para saber acompañar. Porque un proyecto de ley, por ejemplo: el que propone el reconocimiento del campesinado, es una lucha que no es solo del parlamentario. Como cualquier lucha requiere de la fuerza de la movilización.

Al movimiento social aún le falta asumir que, en la medida en que haya un legislador que está a su servicio, apoyarlo y apoyarse en esa representación institucional sí sirve. Hay sectores que han comprendido eso, y hemos podido dar pasos importantes con ellos. Pero la incertidumbre, en parte del movimiento social, sigue estando.

En cambio, yo no puedo estar con esa incertidumbre, no puedo dudar si lo que estoy haciendo sirve o no. Nuestras reflexiones colectivas, nuestra práctica, nos confirma que sí sirve llegar a estas instancias. Hay que potenciar estas experiencias, multiplicarlas, sacar conclusiones de nuestras experiencias para seguir aprovechando el momento político cuando se nos brinda esta oportunidad.

Tenemos que desarrollar campañas en las que nuestro mensaje sea el de los hechos. Una práctica sincera, un mensaje franco que diga qué se puede hacer, para qué sirve una curul, con la convicción de que, si tuviéramos más representación, algunos logros sí serían posibles y eso beneficiaría al conjunto de los proyectos populares de cambio.

Hay que decir claramente a la gente que sí es necesario tener representatividad legislativa, en las instituciones del Estado, siempre que eso esté en función de un proyecto más amplio del movimiento popular.

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* Alberto Castilla es líder campesino del Catatumbo. En 2013 las comunidades campesinas y distintos sectores sociales lo postularon como candidato al Senado. Obtuvo la curul por el voto popular en las elecciones de 2014 como parte de las listas del Polo Democrático Alternativo (PDA). Actualmente, el movimiento social y la fuerza política que integra volvieron a postularlo para renovar su banca en las elecciones de 2018.

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Así llegamos las comunidades campesinas al Senado – Alberto Castilla

128 pág. 15 x 23 cm.

Editorial La Fogata 

Enero 2018