Articular al movimiento social con la lucha electoral

“Hay que luchar contra los egos de los dirigentes y los intereses de las tendencias políticas, saber leer las emociones de los electores” propone Francisco ´Pacho´ Castillo*, Secretario General del PUP, una de las fuerzas que integran el Polo Democrático Alternativo con más anclaje en el movimiento social. #RevistaLanzas#33

Durante mucho tiempo, el movimiento social consideró que solo la lucha extra-institucional genera construcción de poder o capacidad de negociación. Que el poder se genera solo en la movilización, en la presión política que altera el funcionamiento normal del sistema económico, ya sea en la producción, circulación o consumo de las mercancías dentro de un determinado territorio. Que la interrupción de uno de los eslabones de la cadena afecta la economía -por tanto, los intereses del capital- y obliga al Estado a escuchar las peticiones de la ciudadanía y de las organizaciones sociales en general. Esas luchas siguen siendo válidas y vitales para el proceso de construcción de democracia.

Participar activamente en la lucha institucional, y en particular de la lucha electoral para ocupar cargos del poder legislativo o ejecutivo en los territorios locales, departamentales o nacionales, implica tomar una serie de decisiones político- organizativas, ajuste de costumbres políticas, adaptación a una cultura de lo electoral, y nuevos relacionamientos con la ciudadanía.

En vista de ello se ha reconocido que la participación en la institucionalidad juega un papel determinante en la construcción de políticas públicas, en la exigencia del respeto de los derechos del movimiento social, en el acompañamiento de los conflictos, y en darle voz al movimiento social en escenarios de la institucionalidad que normalmente han sido sordos a las peticiones de los sectores más desprotegidos de la sociedad, a no ser que sean sectores vinculados con los políticos de los partidos tradicionales.

Hoy se entiende la necesidad vital de articular las luchas del movimiento social con la lucha institucional. “Con un pie en la institucionalidad y miles en las calles” ha sido una consigna construida por importantes sectores de la sociedad. La movilización social genera luchas, que pueden ser victorias o derrotas; también genera organización y dirigencia social. Las luchas sociales son al mismo tiempo políticas, y la organización social se puede convertir en un sujeto político colectivo si logra encadenar sus luchas reivindicativas con el conjunto de las luchas por la transformación. Igualmente, la dirigencia social es al mismo tiempo política (lo reconozca o no).

“Toda la bancada del Polo ha votado a favor de la implementación de los acuerdos de La Habana, y ha jugado un importante papel en el debate de la reforma política dinamizando una coalición entre los partidos pequeños (Verdes, ASI, Mais, Mira)”

Estamos en un momento en que se requiere que emerjan dirigentes políticos que representen y encarnen los verdaderos intereses del movimiento social en la institucionalidad, a nivel local, departamental y nacional. Deben surgir de esa dirigencia social forjada en las calles, probada en la confrontación, en la movilización, en el proceso organizativo, en la negociación con el Estado, con el reconocimiento del movimiento social, de manera que éste sienta que sí está representado por estos líderes y lideresas.

El Polo Democrático Alternativo (PDA) fue fundado por algunas fuerzas democráticas y de izquierda del país en el año 2005; fue creado para la lucha institucional en el marco de un “ideario de unidad” de carácter progresista, como parte de la resistencia al modelo neoliberal. El Polo ha tenido momentos de relevancia, como el que nos correspondió vivir bajo la orientación de Carlos Gaviria Díaz, referente de la política y de la ética. Y ha tenido momentos de crisis, como los relacionados con la corrupción de los Moreno en la alcaldía de Bogotá y por las múltiples divisiones que ha sufrido el partido en su corta vida; algunas de esas crisis fueron provocadas por liderazgos personales y otras por las luchas intestinas de las tendencias que conforman el partido. Sin embargo, el Polo ha demostrado que tiene la capacidad para asumir sus crisis, auto-reconstruirse y mantenerse en la lucha institucional. Sin duda sigue siendo una gran experiencia de los sectores democráticos y progresistas de este país.

De convergencias y prospectivas

En marzo de 2018 serán elegidos senadores de la República y representantes a la Cámara, y en el mes de mayo de ese mismo año será la primera vuelta de la elección presidencial. El año 2017 ha sido muy dinámico en materia política, ante todo por la implementación de los acuerdos de La Habana entre el Gobierno y las Farc, que dio como resultado inmediato la creación del partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (Farc). Ese hecho estuvo aunado a un debate de reforma política en materia de autoridad electoral, umbrales para el reconocimiento legal de los partidos, financiación, determinación de listas cerradas y coaliciones para las listas del legislativo. Toda esta reforma política ya ha encontrado oposición de los partidos tradicionales para evitar el desarrollo y el avance de los sectores alternativos.

Hay que decirlo de manera reiterada: toda la bancada del Polo ha votado a favor de la implementación de los acuerdos de La Habana, y ha jugado un importante papel en el debate de la reforma política dinamizando una coalición entre los partidos pequeños (Verdes, ASI, Mais, Mira). El momento político demuestra que hay una crisis general de los partidos, y ninguno está en capacidad de llegar solo al gobierno el 7 de agosto de 2018. Por primera vez va a haber más de 20 candidatos y candidatas a la presidencia; por eso se están armando convergencias.

La convergencia de la de ultraderecha, conformada por las corrientes que dirigen Álvaro Uribe del Centro Democrático (CD), Andrés Pastrana del Partido Conservador, el exprocurador Alejandro Ordoñez, Luis Alfredo Ramos y Martha Lucía Ramírez, quienes representan lo más conservador, neoliberal, militarista y opositor al proceso de paz con las insurgencias. Esa será la convergencia contra la paz.

Por el lado de los partidos progresistas, lo ideal es que se pueda dar una gran convergencia que reúna a los sectores democráticos y de izquierda con una gran propuesta democrática que garantice la implementación de los acuerdos de La Habana; que desarrolle y culmine una negociación política con el ELN; que ataque las causas de la corrupción; que le haga resistencia al modelo neoliberal; que cree las condiciones para las reformas sociales básicas de educación, salud y empleo; que tenga como propósito recuperar el campo y nuestros bienes naturales, y que se oponga al extractivismo.

A veces se piensa que la política es la racionalidad de la propuesta que favorece a los sectores sociales más excluidos y que la convicción de la gente en su sabiduría escogerá la mejor opción. Pero hay que reconocer que en la lucha institucional electoral y en la composición de acuerdos no solo está la racionalidad de las propuestas, sino que hay que luchar contra los egos de los dirigentes y los intereses de las tendencias políticas; hay que saber leer las emociones de los electores, entender que su percepción no siempre favorece a los intereses de ellos y ellas mismas.

Si por ahora no se logra una gran convergencia democrática hacia la presidencia de la República, hay que trabajar desde ahora para que las nuevas bancadas de los sectores democráticos en el Congreso lleguen a acuerdos con los parlamentarios de FARC -que asumirán como resultado del acuerdo político de La Habana- para iniciar un nuevo momento de relaciones políticas entre los sectores alternativos.

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* Francisco León Castillo es Secretario General de Poder y Unidad Popular (PUP), fuerza integrante del Polo Democrático Alternativo (PDA).  Una versión más extensa de este artículo puede leerse en la revista Lanzas y Letras N° 33.