¡Euskal presoak, etxera! ¡Presos vascos, a casa!

En Bilbao, País Vasco, una gran movilización exigió la repatriación de las y los presos políticos confinados en España y Francia. Lo que sigue es una narración en primera persona de un hecho de trascendencia internacional que, sin embargo, ocultaron los principales medios de América Latina y del mundo.

Por Nicolás Armando Herrera Farfán*. En Bilbao llueve siempre por estas fechas. A veces arrecia la lluvia y en otras ocasiones gotea tenue, pero constante. Dependiendo de quién lo mire, la lluvia de este 13 de enero puede pensarse como un boicot del cielo frente a la dignidad del pueblo vasco, o el llanto solidario del Dios de los pueblos, que nos enseñó la Teología de la Liberación, frente a la movilización nacional por la libertad y amnistía de las y los presos políticos vascos en cárceles españolas y francesas.

La movilización inició alrededor de las cinco de la tarde (hora local) encabezada por las furgonetas (vagonetas o “combis”) que solidariamente transportan a familias vascas cada mes para que visiten a sus familiares. Los conductores se inscriben en una lista y aleatoriamente son elegidos para ir a diversos destinos españoles y franceses que, en la mayoría de los casos, su recorrido total superan los 1500 kilómetros. En la parte superior de las furgonetas se leían carteles luminosos que indicaban el kilometraje total del recorrido. Como existen varias historias de familias que se han accidentado y algunas personas han muerto, debido al cansancio y la fatiga de un viaje dominical a un presidio, estos conductores “mirentxin gidariak” desarrollan una tarea silenciosa de compromiso militante.

Detrás de las furgonetas desfilaron los hijos e hijas de los prisioneros (“motxiladun umeak”), en su mayoría infantes, símbolos del reclamo, pues la distancia de sus padres y madres es asimilada no solo como una tortura sino como una condena familiar. Los niños y niñas marcharon con sus paraguas y globos coloridos, y fueron acompañados por payasos vascos solidarios y pedagogos de la causa de las familias. Entre los globos había una estrella violeta que simboliza a Izar (“Estrella” en euskera), la hija de Sara Majarenas, nacida y criada en los primeros años en la cárcel, quien fuera apuñalada por el padre. Internada en cuidados intensivos y bajo estricta observancia médica, a Sara no se le permitió verla como era debido y generó repudio e indignación total, y se ha denunciado como una manifestación más de la brutalidad legal del estado español, a las que deben sumarse el aislamiento, la tortura y la ausencia plena de garantías constitucionales para los prisioneros y prisioneras.

Tras los familiares marcharon compañeras y compañeros de las personas condenadas. Este fin de semana no van a la prisión porque deciden quedarse acá, en el corazón del pueblo vasco para palpitar con él. Con su bandera blanca y pañuelo blanco puesto al cuello reclaman la vuelta a casa de sus seres queridos. Resulta impresionante ver que, con el ceño fruncido y la cara cuarteada, siguen reclamando. De Buenos Aires a Chiapas y de Chiapas a Bilbao el pañuelo sigue representando la dignidad, el coraje y la fuerza popular.

La movilización la cerrábamos miles de personas venidas de todo , del estado español y francés, a su vez militantes, exiliados, refugiados y visitantes. Cerca de 100 mil que nos solidarizamos con el dolor de las familias, que denunciamos la brutalidad de la ley de los estados-nación que vivimos en nuestros países de origen y residencia, esas leyes que condenan la rebeldía y premian impúnemente la brutalidad, el robo, el saqueo, la corrupción, el asesinato de la criminal estructura de poder. Sin lugar a dudas, con nosotros y nosotras marcharon Santiago Maldonado y Rafael Nahuel, los prisioneros mapuches de ambos lados de la frontera austral, Camilo Torres y las decenas de miles de luchadores y luchadoras asesinadas y desaparecidas en Colombia, y los prisioneros que no han sido liberados como producto de los acuerdos de paz con las FARC-EP, los familiares de las víctimas de las guerras del petróleo en Siria, Libia e Irak, las dignidades del Kurdistán y el ejemplo de Abdulah Öcalan, y las de Yasser Arafat y Ahed Tamini frente a la brutalidad sionista israelí. En una sola voz gritamos tres consignas principales:

“¡Euskal presoak, etxera!” (“¡Presos vascos, a casa!”)
“¡Presoak kalera, amnistia osoa!” (“¡Presos a la calle, amnistía total!”) “¡Amnistiarik gabe, bakerik ez!” (“¡Sin amnistía no hay paz”!).

La movilización se concentró frente al Ayuntamiento de Bilbao donde hablaron familiares para celebrar la decisión de Francia de transladar a los prisioneros y prisioneras vascas a cárceles cercanas a Iparralde (País Vasco francés) y seguir denunciando la venganza judicial, inhumanidad y violación de los derechos humanos que adelantan las autoridades españolas.

El problema no está en la violencia rebelde vasca, aunque hayan alcanzado prácticas cuestionables; el problema está en la violencia estructural de los estados-nación que dictan leyes que matan y dejan morir, que instauran una dictadura capitalista con ritos electorales y que promueve el adoctrinamiento y la ignorancia por medio de la libertad de expresión de las corporaciones mediáticas. Como decía George Orwell en su célebre 1984: “La guerra es la paz; la libertad es la esclavitud; la ignorancia es la fuerza”. Y hablando de Orwell, la movilización se expresó en favor de los presos políticos catalanes y en repudio a la genética franquista del gobierno de Rajoy.

*Nicolás Armando Herrera Farfán es psicólogo e investigador del Colectivo Frente Unido – Investigación Independiente. Colaboración exclusiva desde País Vasco para Lanzas y Letras y Marcha Noticias (Argentina).