El mal tiempo presente (Notas sobre el imperialismo)

Ponencia presentada por Alejandro Mantilla, miembro del Instituto Nacional Sindical (CED-INS)*, en el Seminario Internacional Centenario de la Revolución de Octubre y 150 años de El Capital, realizado a finales de mayo en la Universidad Pedagógica Nacional.

Por Alejandro Mantilla Q.**. Las variaciones del azar y la fortuna han señalado al 2017 como un año de conmemoraciones para la izquierda. 150 años de la publicación del libro I de El capital, 100 años de la Revolución de octubre, 50 años del asesinato del Che Guevara, 80 años del fallecimiento de Antonio Gramsci y medio siglo del fallecimiento de María Cano.

El deber del recuerdo puede generar nuevos olvidos. Las definiciones habituales de la palabra “conmemorar”, aluden a “recordar solemnemente algo o a alguien”, o a “celebrar una fecha importante”. Pero si el prefijo “con” señala la compañía o la “colaboración, con-memorar también sugiere una memoria colectiva, un proyecto de recuerdo comunitario, e incluso una renovación del pasado para los tiempos presentes. No recordamos para hacer un anticuario que desate la melancolía, sino para recrear una memoria llena de posibilidades en nuestro tiempo.

Podemos asumir entonces el consejo de Brecht: “No conectar con el buen tiempo pasado, sino con el mal tiempo presente”(1). En el marco del aniversario de la Revolución de octubre, debo hablar sobre el imperialismo. Esa tarea nos lleva a revisar la inestabilidad geopolítica, la competencia entre grandes potencias, la rapiña por los bienes comunes, la crisis financiera global, el peso de la deuda externa, la nueva ruta de la seda, o la intervención en Venezuela; en suma, la tarea nos lleva a mirar hacia las señales de un tiempo cambiante que viene redefiniendo la geopolítica y las tendencias de la acumulación de capital a escala global. Pero mirar hacia el mal tiempo presente, permite renovar las energías emancipadoras encaminándolas a enfrentar los apuros de la actualidad.

1. La cuestión del imperialismo en la tradición marxista

Al hablar sobre el imperialismo, un primer punto clave es resaltar la vigencia de los conceptos que nos permiten analizar nuestra época. Aunque los aportes del pensamiento decolonial y poscolonial generaron nuevos enfoques para cuestionar al poder y las jerarquías a escala global, tales aportes no desplazaron la perspectiva antiimperialista. Siguiendo a John Bellamy Foster(2), los teóricos clásicos del imperialismo (Lenin, Luxemburg y Bujarin) analizaron ciertas tendencias que, al entrelazarse, permiten comprender el desarrollo del capitalismo:

1. La primacía del capital financiero y el capital monopolista
2. Las plusganancias monopolistas
3. División internacional del trabajo e internacionalización del capital
4. División del mundo entre las grandes potencias
5. Estados-Nación promotores de los intereses de sus empresas monopolistas
6. Competencia interimperialista
7. Guerras monetarias y comerciales
8. Colonias, neocolonias y dependencia
9. Crisis económicas y expansión imperialista
10. Exportación de capital
11. Búsqueda de nuevos mercados
12. Lucha por el control de materias primas estratégicas
13. Integración de áreas no capitalistas al mercado mundial
14. Desigualdad internacional de los salarios
15. Aristocracia obrera en los centros imperialistas
16. Militarismo y guerra
17. Disputa permanente por la hegemonía internacional

El concepto de imperialismo está enteramente ligado a la tradición marxista, aunque no sea de su patrimonio exclusivo (un buen ejemplo es Hobson, quien trató el asunto con un enfoque liberal). Aunque Marx no usa el concepto, los capítulos sobre la colonización en el libro I de El Capital y la reflexión sobre la reproducción ampliada, son antecedentes claros de un concepto que luego será perfilado a inicios del siglo XX por Bujarin, Lenin y Luxemburg. Aunque no debe soslayarse que Kautsky y Hilferding también aportaron al debate, la teoría marxista clásica del imperialismo se debe principalmente a los dos rusos y a la polaca.

A pesar de las coincidencias entre Bujarin, Lenin y Luxemburg, se destacan algunos matices: Luxemburg derivaba su teoría del imperialismo de la cuestión de las crisis económicas, de ahí que ligara el problema de la realización de plusvalía con la penetración en zonas no capitalistas, revisando la teoría de la reproducción ampliada defendida por Marx en El Capital. Bujarin le dio mayor importancia al crecimiento del capital monopolista, la división internacional del trabajo y la internacionalización del capital, subrayando la importancia de la acumulación derivada de la explotación de mano de obra barata en la periferia por grandes monopolios capitalistas. Lenin destacó la centralidad de los grandes monopolios, la expansión del capital financiero, la concentración de la riqueza a escala global, y la rivalidad entre las grandes potencias ante el ocaso del imperio británico; rivalidad que a la postre llevó a la I Guerra mundial(3). No obstante, los tres coincidían, diferenciándose de Hobson, en que el imperialismo no era un resultado de la voluntad de los gobernantes de las potencias, sino una etapa histórica resultado de los entrelazados procesos tendenciales del capitalismo.

Más adelante, la teoría del imperialismo se vería complementada en América Latina con la teoría de la dependencia defendida por Theotonio Dos Santos, Ruy Mauro Marini, Vânia Bambirra y André Gunder Frank, entre otros.

En los últimos años el debate vuelve a tener cabida en la tradición marxista con nuevos análisis sobre el capitalismo contemporáneo. Los trabajos de Samir Amín, la hipótesis del “Imperio” defendida por Negri y Hardt, el libro sobre imperio/imperialismo de Atilio Borón, la tesis del superimperialismo defendida por Hudson, Gowan, Panitch y Gindin, la recreación del ultraimperialismo efectuada por Robinson y Sklair, así como la caracterización del nuevo imperialismo con las tesis -no coincidentes- de David Harvey y John Bellamy Foster, muestran la vigencia e ímpetu de esta cuestión.

2. El imperialismo hoy

La pregunta por el debate actual sobre el imperialismo no es un mero ejercicio académico, es un punto de partida para comprender la situación mundial. A principios del siglo XXI, Negri y Hardt anunciaron el final de los imperialismos y la emergencia de una nueva forma global de soberanía denominada Imperio; en sus palabras: “…ningún Estado-nación puede hoy, constituir el centro de un proyecto imperialista. El imperialismo ha concluido. Ninguna nación será líder mundial, del modo que lo fueron las modernas naciones europeas (4). En lugar del viejo imperialismo, se gestaría un Imperio que no tiene fronteras, que se presenta como un orden que suspende la historia y pretende fijar su reinado hacia la eternidad, cuyo objeto de dominio es la vida social en su totalidad, y que pretende constituir una paz perpetua, aunque esté bañado en sangre.

Una mirada a la prensa de nuestros días muestra cómo la tesis de Negri y Hardt fue refutada por la obstinación de la realidad. La emergencia de China como nueva potencia global, el nuevo rol geopolítico de Rusia, las tensiones en la Unión Europea, las guerras en Siria, Yemen, Libia o Ucrania, o la volátil presidencia de Trump, muestran una declarada competencia entre potencias imperialistas que buscan controlar recursos, capitales, territorios y poblaciones. Las fronteras siguen siendo objeto de disputa y la rivalidad entre potencias definen la agenda global.

Algunos rasgos revelan ciertas tendencias del nuevo imperialismo:

1. En primer lugar, encontramos la profundización de la volatilidad financiera y el endeudamiento, con sus episódicas explosiones de crisis de larga o corta duración. Situación que ha propiciado la aplicación de políticas de ajuste que asfixian a naciones enteras y que son impulsadas por las potencias (la presión del gobierno alemán sobre Grecia es el caso más dramático de los tiempos recientes). La crisis financiera también alienta una “solución espacial a la crisis”(5) que se concreta en la expansión de inversiones a lo largo y ancho del globo.

2. La explotación de mano de obra en la periferia configura un ejército global de reserva. Millones de desempleados y de personas con salarios bajísimos, sin estabilidad laboral alguna, que son sobreexplotadas en los países periféricos por empresas del norte que se han reubicado buscando esa mano de obra barata, o comprando la producción descentralizada en los países el sur. Tal rasgo refuerza la tendencia a la concentración de la riqueza a escala mundial, y propicia que la mayoría de la plusvalía se dirija hacia los países del norte(6).

3. El acentuado saqueo de bienes comunes, recursos energéticos, material biológico, conocimiento tradicional y materias primas de los países del sur. Por un lado, encontramos un nuevo saqueo destructivo de los territorios y ecosistemas, evidente en los proyectos de fracking, represas o minería a cielo abierto. Por otro lado, encontramos el saqueo en nuevas formas de capitalismo verde, como en la venta de servicios ambientales o el comercio de mercados de carbono.

4. El neoliberalismo como una política económica fomentada por los organismos multilaterales, por organismos de cooperación controlados por las grandes potencias (la OCDE es el mejor ejemplo) y por inversionistas provenientes de los países del norte. Tal política consolida el poder de clase(7) de los grandes capitalistas que invierten en los países del sur, y busca evitar que se consoliden políticas soberanas en esas sociedades.

5. La escandalosa desigualdad global, denunciada por organizaciones como Oxfam(8), que ha entronizado a una clase capitalista global protegida por los Estados que gobiernan las principales economías del planeta. Vale la pena recordar la frase de Warren Buffet, uno de los hombres más ricos del mundo: “Hay una guerra de clases, de acuerdo, pero es la mía, la de los ricos, los que estamos haciendo esa guerra y la vamos ganando”(9).

6. La perseguida -por los gobiernos imperialistas- desigualdad entre países, expresada en el persistente desbalance entre centro/periferia y el despotismo financiero generado por el manejo de la deuda.

7. La decadencia –relativa- de Estados Unidos como potencia hegemónica. Aunque sigue siendo la principal potencia económica, militar y mediática, su influencia se reduce frente a nuevos actores como China y Rusia, mientras se evidencian diferencias, coyunturales, con Francia y Alemania.

8. Una explosión de conflictos militares, disputas comerciales, competencia por el control de recursos y guerra mediática en todo el planeta.

Tales rasgos revelan la complejidad del imperialismo de nuestro tiempo. Lejos de los anuncios de un Imperio basado en una soberanía mundial que domina todo el planeta, hoy vemos una competencia imperialista que se disputa los flujos de capital, que procura el control de territorios y que sigue defendiendo sus intereses nacionales, entendidos como los intereses de sus clases dominantes.

3. Una época de convulsiones

Por lo anterior, nuestro tiempo no parece tener parangón frente a otras épocas de la historia del capitalismo. La competencia interimperialista actual no se parece a la etapa anterior a las dos guerras mundiales. Antes de 1914 las potencias contaban con un equilibrio relativo que las llevó a la conflagración mundial, un conflicto que, en palabras del siempre acertado Hobsbawm, “a diferencia de otras guerras anteriores, impulsadas por motivos limitados y concretos, tenía objetivos ilimitados”(10). Aunque Inglaterra y Alemania eran las dos potencias principales del entorno, la guerra mostró que ambas necesitaban de una red de alianzas con otros gobiernos europeos. La Segunda Guerra mundial tiene su origen en el afán expansionista de tres potencias encabezadas por gobiernos de ultraderecha que buscaban redefinir el orden mundial. Sus apuestas conquistadoras se derivan, precisamente, de ese equilibrio relativo, pues ni Estados Unidos, ni la URSS, ni Inglaterra, tenían el suficiente poder disuasivo para impedir la aventura fascista.

En contraste, el imperialismo contemporáneo está determinado por la posición hegemónica de Estados Unidos(11). A diferencia de Rusia y China, Estados Unidos tiene una estable red de alianzas en Europa y Asia, lo que muestra una mayor capacidad de influencia internacional. Por otro lado, el poder militar de Estados Unidos no tiene comparación al de sus rivales; el país del norte hoy define el 36% de la inversión militar mundial, casi el triple que China, cuyo gasto militar ha crecido un 118%, y nueve veces más que Rusia(12). Por otro lado, mientras Rusia cuenta con 18 bases militares fuera de su territorio, Estados Unidos tendría cerca de 800 bases en todo el planeta(13).

Sin embargo, ya no estamos viviendo la era del mundo unipolar o del “nuevo orden mundial”, como lo llamara Bush padre. El reinado solitario de Estados Unidos solo llegó a sostenerse por una década. El ascenso –inestable, pero ascenso- de la economía china, el liderazgo recuperado por los rusos en su área de influencia, las recientes contradicciones de Trump con Macron y Merkel, el rol de potencias emergentes como Brasil, Turquía o la India y los problemas de gobernabilidad y estabilidad que enfrenta la administración Trump, muestran que no hay un mundo unipolar comandado por Estados Unidos, sino un mundo de abierta competición entre potencias, aunque el Tío Sam siga el siendo el más poderoso.

Por último, tampoco se perfila una suerte de “nueva guerra fría”. Vale la pena recordar que incluso en los tiempos de la coexistencia pacífica, promovida primero por Stalin y luego por Kruschev, Estados Unidos y la URSS sostenían una batalla ideológica entre capitalismo y socialismo (aunque buena parte de la izquierda mundial sostuviera que el socialismo de Europa del Este era una versión burocrática y desviada del proyecto original). Tal batalla de ideas hoy no es defendida por los rivales de Estados Unidos. Putin es el representante de una nueva derecha conservadora, patriota, que representa un proyecto de despojo para los habitantes rusos que sufren el rigor de una política económica neoliberal, de ahí que la desigualdad se acentúe en Rusia, donde el 10% de la población es dueña del 87% de la riqueza(14). Por su parte, Xi Jinping lanzó loas al libre mercado y la globalización en el Foro Económico Mundial de Davos, mientras los jerarcas del Partido Comunista chino reinventan la teoría etapista de la sucesión de los modos de producción –abandonada por todos los marxistas serios- para justificar el viraje neoliberal aplicado desde finales de los años 70 en la presidencia de Deng(15). Hoy Trump, Putin y Xi son defensores de tres formas de capitalismo neoliberal.

4. Antiimperialismo y emancipación

Hace unos años, Alain Badiou planteó que en el paisaje ideológico global hoy coexisten cuatro posiciones sociopolíticas: 1. El puro capitalismo global liberal; 2. una versión regulada del capitalismo, que apunta a la defensa del Estado de Bienestar; 3. El anticapitalismo fundamentalista reaccionario (defendido por proyectos aislacionistas que tienden a conjugar posturas antisemitas, racistas y machistas); y 4. Los movimientos emancipadores radicales. A esta lista Slavoj Žižek sumó dos posiciones más: 5. El capitalismo autoritario (como el capitalismo de “valores asiáticos” de China y Singapur). 6. Lo que queda de la antigua izquierda comunista del siglo XX (Cuba, Corea del Norte y los rebeldes maoístas de la India y Nepal)(16).

Este mapa improvisado por el francés y el esloveno revela varios problemas de la política radical en nuestro tiempo. En primer lugar, encontramos una extraña ambigüedad de la posición 4. ¿A qué se refiere Badiou con “movimientos emancipadores radicales”? Badiou no se atreve a caracterizar ese campo político, ¿Se trata de las luchas antipatriarcales, del ecosocialismo, de los nuevos populismos, de las propuestas comunitarias desde abajo? Responder que se trata de una combinación de las anteriores soslayaría que en el campo de las luchas emancipatorias hay múltiples tensiones y debates. En segundo lugar, Žižek tampoco acierta al meter en un solo paquete a las experiencias socialistas del siglo XX que persisten hoy día ¿Qué tienen en común Cuba y Corea del Norte? Muy poco. Por otro lado, en los últimos tiempos ciertas izquierdas han dejado ver simpatías por el nuevo rol del gobierno ruso como contrapeso del imperialismo gringo, y por el capitalismo autoritario chino -cuyas inversiones ganan terreno en América Latina, alentadas por gobiernos progresistas y neoliberales-. Olvidan que no hay que confiar en el imperialismo… ni tantito así…

Estos rasgos son muestra de las dificultades del mal tiempo presente. La ambigüedad de Badiou/Žižek y la confusión sufrida por los simpatizantes del nuevo imperialismo ruso y chino revelan cierta desorientación de los esfuerzos emancipatorios.

Preparé estas notas para un seminario de conmemoración de los 100 años de la Revolución de octubre. Vale la pena recordar que en 1914 los revolucionarios no tenían muchas opciones, la socialdemocracia había sucumbido a los cantos de sirena de la guerra, y “todos los internacionalistas del mundo cabíamos en cuatro coches”, a decir de Trotsky, un dirigente brillante cuya vida estuvo llena de aciertos y errores.

A pesar de los aciertos y los errores de esa generación de revolucionarios -muchos de ellos sacrificados por Stalin- su virtud radicó en buscar un camino propio en medio de una época de catástrofes. De vislumbrar la posibilidad del socialismo en una perspectiva antiimperialista, en uno de los momentos más oscuros de la historia de la humanidad. De eso se trata no conectar con el buen tiempo pasado, sino con el mal tiempo presente, de asumir las dificultades actuales para recrear la emancipación en el aquí y el ahora. Hoy, como ayer, buena parte del mal tiempo presente se lo debemos a una catástrofe llamada imperialismo. Es nuestra tarea derrotar esa catástrofe.

Notas:

1. “25 de agosto. Una máxima brechtiana. No conectar con el buen tiempo pasado, sino con el mal tiempo presente”. Benjamin, W, “Tentativas sobre Brecht. Iluminaciones III”, Madrid, Taurus, 1998, p 152.
2. Bellamy Foster, J, “El nuevo imperialismo”, Barcelona, El viejo topo, 2015.
3. Los tres textos claves al respecto son: “La acumulación de capital” de Luxemburg; “La economía mundial y el imperialismo” de Bujarin; y “El imperialismo, fase superior del capitalismo” de Lenin. Bellamy Foster hace un buen análisis de los matices entre los tres.
4. Negri, A, y Hardt, M, “Imperio”, Bogotá, ediciones Desde Abajo, 2001, p 45.
5. Este es el núcleo de los trabajos de David Harvey, sobre todo “El nuevo imperialismo” y “Espacios del capital”.
6. Este aspecto ha sido destacado por Bellamy Foster en su trabajo, “El Nuevo imperialismo”.
7. Ver al respecto, Harvey, D. “Breve historia del neoliberalismo”, Madrid, Akal, 2006.
8. https://www.oxfam.org/es/iguales/cinco-datos-escandalosos-sobre-la-desigualdad-extrema-global
9. http://www.nytimes.com/2006/11/26/business/yourmoney/26every.html?_r=0
10. Hobsbawm, E. “Historia del siglo XX”, Barcelona, Crítica, 2000, p 37.
11. Un excelente análisis de esta situación puede leerse en el artículo de Edward Hunt, “American Empire Isn’t In Decline” https://www.jacobinmag.com/2017/03/obama-trump-mattis-united-states-empire/
12. “China se suma a la carrera militar entre Estados Unidos y Rusia”, disponible en: http://www.publico.es/internacional/china-suma-carrera-militar-eeuu.html
13. “¿Son una amenaza las bases militares rusas en el extranjero?”, disponible en: http://www.publico.es/internacional/amenaza-bases-militares-rusas-extranjero.html
14. Unequal Russia: is anger stirring in the global capital of inequality?
https://www.theguardian.com/inequality/2017/apr/25/unequal-russia-is-anger-stirring-in-the-global-capital-of-inequality
15. Ver al respecto el brillante libro de Lin Chun, “China y el capitalismo global”, Barcelona, El viejo Topo, 2015.
16. Ver Žižek, S. “Problemas en el paraíso”, Barcelona, Anagrama, 2016.
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* Corporación para la Educación, el Desarrollo y la Investigación Popular-Instituto Nacional Sindical CED-INS

** Alejandro Mantilla es educador. Ha trabajado con organizaciones campesinas e indígenas. Integrante del CED-INS.