90 años de pasión y tradición. América, patrimonio cultural del pueblo

La historia inscribe el 13 de febrero de 1927 como el día de constitución del América de Cali, en esa fecha se materializó la idea que traían los estudiantes del popular colegio Santa Librada. Desde aquel momento nacería un equipo de fútbol mezcla de estudiantes y trabajadores, que desde entonces empezaría a construir una tradición apegada a los sectores populares, marginales y excluidos, y que se extendería desde Cali hacia todo el departamento del Valle y el país.

Por Andrés Rojo*. La historia que empezaría a partir de dicha fecha hace 90 años, está cargada de elementos y construcciones propias de la culturalidad popular, que ha perdurado a través de generaciones y logra construirse, reconstruirse y expandirse a través de varios contextos y realidades históricas.

La historia del América tiene mitos y leyendas, héroes y villanos, apoteosis y frustración, crisis y renacimiento, en fin, una variedad de elementos constitutivos y adheridos a la vida misma de la institución pero fundamentalmente a su hinchada. Cada hincha, de los millones de fanáticos que existen en Colombia, reconoce y aprende estos elementos más allá del color rojo de la camiseta y el diablo en el escudo, es decir, comprenden y asimilan unas tradiciones y expresiones explicitas en rituales, formas de festividad y choque.

Mitos y leyendas. Desde el color de la piel hasta el diablo

Como ya se ha mencionado, dicha identidad cultural que se construye y reconstruye en el América está absolutamente ligada a los sectores populares, al barrio, al potrero, a la periferia, por tanto recoge y bebe de los distintivos culturales del pueblo mismo, de ahí el decir que América es la pasión de un pueblo. Esto se plasma en la caracterización de los símbolos mismo que lo identifican, como de quienes los portan y defienden.

“Esos rojos juegan como diablos”

Dicha expresión se volvió común después de la primera gira del equipo por ciudades colombianas. El hecho de haber sido prohibido que el América jugara en el Valle del Cauca lo llevó a explorar una gira por otras canchas del país, y sin más recursos que los que pudieran ganarse partido tras partido, los jugadores con un uniforme rojo prestado dejaron la piel en cada juego. “Los negros de Cali” que jugaban de rojo hicieron aparecer la relación histórica no solo con la figura del diablo y con el rojo, sino también con la lucha y el sacrificio dentro y fuera de la cancha.

El diablo que sobre los años 40 empezó a ser distintivo del equipo, dio pie a un sin número de historias y relaciones, una religiosidad relativa que se debate entre la figura del demonio y los triunfos del equipo. Gabriel Ochoa Uribe fue el primero que planteó quitar el diablo del escudo, también fue el primer técnico campeón en 1979, rompiendo la maldición.

“Que lo vuelvan profesional, que hagan del América lo que quieran, pero juro por mi Dios que nunca serán campeones…”

Esas palabras de Benjamín Urrea “Garabato”, ex jugador del América quien habiendo hecho parte del club desde sus inicios, no estuvo de acuerdo con la llegada al fútbol profesional en 1948, razón por la cual “echó” esa maldición. Dada la religiosidad del técnico Ochoa Uribe y de la creencia en la maldición, en 1978 se hizo una misa de exorcismo realizada en la propia cancha del estadio Pascual Guerrero. Un año después la maldición se rompió siendo por primera vez campeones en 1979, sin embargo el mito de la maldición se extendió a la Copa Libertadores, de 4 finales disputadas no ha logrado ganar ninguna.

Estas construcciones complejizan y hacen parte de esas búsquedas sobrenaturales para explicar el triunfo o el fracaso. “La maldición de Garabato” es al América, lo que “Buziraco[1]” es a la ciudad de Cali, la figura que explica lo aparentemente inexplicable y que moviliza acciones justificables o no, construye símbolos e identidades.

Crisis y renacimiento

De esas construcciones entre lo real y lo fantástico derivan los aspectos que caracterizan el “pueblo americano”. El hincha rojo tiene inscrito el aguante al sufrimiento, así mismo y fiel a su extracción popular, la necesidad de ser cuerpo para confrontar la exclusión y la marginalidad, de lo cual deriva la resaltante capacidad de sobreponerse y existir a las más duras situaciones.

América es de extremos, genera odios profundos o fanaticada eufórica, es la pasión y “la mechita” a la misma vez. En esa sinusoide de picos que marca la historia del club, se encuentran sus inicios de “jugar como nunca y perder como siempre”. Pasando después a décadas de triunfos y bonanzas que lo llevaron a los más grandes escenarios y reconocimientos a nivel continental.

Es el único club colombiano que pagó cara la participación de dineros del narcotráfico, como si tratara de una cobranza por haber logrado ser el equipo más representativo del país. Como parte de esa profunda crisis en la que cayó después de la apoteosis futbolística, América descendió a la categoría b del fútbol, la mayor tragedia que ha vivido el equipo en su historia.

5 años permaneció en dicha categoría, estado en el cual lejos de amenazarse la existencia del club, se reconstruyó e hizo fuerza de su crisis, la hinchada del América parece haberse multiplicado durante el peor de sus momentos. Como diría el exdirectivo Álvaro Bejarano: “El América es absolutamente inmortal”.

Entre el Obrero, Galilea, Siloé y San Fernando

La entraña y arraigo popular de este equipo tuvo como escenarios diversos los barrios y canchas en donde se encontraban “los platachos”, “los repelladores” como les decían a los jugadores que dejaban el ladrillo y el cemento para ir a jugar. Esa impronta popular del barrio que forjó una distinción con cualquier otra hinchada, esa necesidad de encontrarse en el estadio o donde juegue, domingo tras domingo, para animar, rehacer y reavivar esta cultura que se construye a través de una historia ligada a la ciudad misma.

Podemos decir que América constituye y forja un patrimonio cultural que no se limita a copas y trofeos, sino que abarca tradiciones vivas o transmitidas por generaciones. Es así que en 90 años la historia roja está basada en una amplia comunidad, integra gran parte de los sectores populares, representa características del mismo y se recrea en el tiempo.

Como diría el célebre escritor y periodista, Alfonso Bonilla Aragón: “América son cosas del corazón, es la pasión huracanada del pueblo…”

NOTAS:

[1] Buziraco es el nombre del demonio que, según los mitos y leyendas en la ciudad de Cali, habitaba los cerros tutelares, razones por las cuales se construyó el monumento de las tres cruces en un uno de los cerros alrededor de la ciudad.

*Andrés Rojo es comunicador popular, integrante del colectivo de comunicación Zona Pública.