Después del retroceso en La Habana, ¿alguien quiere pensar en el ELN?

Shameel Thahir Silva es magister en Estudios Políticos Latinoamericanos de la Universidad Nacional, profesor y militante de Marcha Patriótica; en este artículo vuelca una mirada crítica sobre la renegociación Gobierno – FARC y alerta sobre el riesgo de que el ELN pase a ocupar el lugar de “enemigo interno”.

Por Shameel Thahir Silva*. Fue una sola mesa y un solo proceso. La participación de la ciudadanía fue tan amplia, profunda y vinculante que se acordó cerrarla con una Asamblea Nacional Constituyente (el tan anhelado Diálogo Nacional) para refrendar lo acordado con las dos guerrillas que estaban juntas nuevamente en una reedición de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar.

Se finalizó el desangrante conflicto armado en el país (que estaba ganando la Coordinadora) y se empezó la construcción de una Colombia nueva. Álvaro Uribe Vélez salió del país denunciando “una persecución política en su contra”. Colombia comenzó una nueva época de Libertad, Igualdad y Fraternidad; la gente hablaba de socialismo como el camino a seguir.

Todo lo anterior ocurrió en un universo paralelo. En ese universo alterno no tenemos conflicto armado y este es un país para su gente, no para las roscas de siempre. Pero bueno, nos tocó el universo que nos tocó, y es con lo que tenemos que construir algo mejor.

Retrocesos

En estos días estamos observando el fracaso de la Mesa de La Habana −tal cual se había concebido, trabajosamente, en su primera versión− frente a la extrema derecha mentirosa, ultraconservadora y paramilitar. Al no tener la capacidad real de refrendar el Acuerdo entre las FARC y el gobierno el 2 de octubre del 2016, tocó retroceder en lo político y dar un salto al vació del tamaño del Gran Cañón.

Se retrocedió concediéndole a las Iglesias Cristianas −con el precandidato presidencial Alejandro Ordóñez a la cabeza y el Partido Conservador a su derecha− no incluir a las mujeres y las comunidades LGBTI, siempre marginadas, de manera transversal en la implementación de los Acuerdos. Nos olvidamos de la importancia de incorporarlos al bloque de constitucionalidad y de paso dejamos por fuera jueces internacionales para el Tribunal de Paz, así le quedará más fácil a esta gente manipular los fallos. La participación política de las comunidades dejó de ser vinculante para convertirse en un adorno dentro de la construcción de paz territorial.

Por otro lado, Álvaro Uribe Vélez y su gente aprovecharon para tomarse como propios −a pesar de la obvia manipulación− los votos en contra del Acuerdo para adobar el camino al poder ejecutivo por parte de lo más reaccionario de las élites colombianas, esos terratenientes que tienen la cara dura de decirle al país que son dueños de las mejores tierras porque son unas buenas y buenos muchachos, que nada tienen que ver sus relaciones directas con el paramilitarismo y con que éste se tomara el Congreso y la Presidencia entre el 2002 y el 2010.

¿Y la ciudadanía? Pues ahí, con muchas intuiciones de lo que realmente quiere, pero pocas herramientas políticas para lograrlo. Es por eso que terminan apoyando a lo más rancio de la política colombiana.

La llamada izquierda sigue con problemas graves de corrupción, desconectada de sus bases, y con peleas intestinas por el poder dentro de sus aparatos (miren el espectáculo bochornoso entre Clara López y Robledo); en otras palabras, pareciéndose a la derecha, y de paso envejeciendo hasta rayar con la senilidad. ¿Cómo más podemos explicar el triunfalismo previo al 2 de octubre? Diversas juventudes dentro de la misma izquierda entienden el diagnóstico, y saben que la solución pasa por que esas lideresas y líderes de los últimos 20 años den un paso al lado y dejen que las nuevas generaciones renueven la política dentro de la misma izquierda. Pero no, puede más el cálculo electorero y mezquino que la intención real de recuperar el país para su gente.

Por otro lado, el paramilitarismo, como la peor forma del terrorismo de Estado, sigue muy vivo y coleando, asesinando líderes y lideresas a lo largo y ancho del país para sembrar terror. Y qué bien lo hace. Últimamente la mayor víctima de estas formas de inmovilizar al poder constituyente es el Movimiento Político Marcha Patriótica: ya sumamos 124 asesinadas y asesinados por el simple hecho de ser de la Marcha ¿Y así es que vamos a construir una paz estable y duradera?

Diálogo con el ELN: no es bueno que Santos cumpla su cometido

En medio de esto está el ELN en Quito, esperando para comenzar la fase pública de su proceso de diálogo. Santos, por un lado, espera arrinconarlos para hacer un acuerdo exprés que le permita retirarse con la dejación de armas de las dos guerrillas (un ejemplo es cómo utilizó el caso de Odín Sánchez). El ELN, por el otro, piensa hacer un mejor acuerdo que el que hicieron las FARC; a pesar de todo. Santos calcula que, si el ELN no se somete, le pasará lo que le pasó al EPL: se convertirá a lo largo de los próximos años en una guerrilla marginal que no tendrá mayor voz política a nivel nacional.

farelnEl ELN confía en su capacidad de resistencia y reconstrucción, como la misma historia se lo ha probado una y otra vez. Mucha gente dentro de la misma izquierda le apuesta a lo mismo que Santos: hace rato piensan que la lucha armada no tiene sentido y ven en el ELN y en las FARC sólo anacronismos que no nos permiten avanzar.

Yo personalmente creo que el ELN puede dar pie a la reedición del discurso del enemigo interno en el país; puede resistir durante largos años, y así, los problemas reales del país como la corrupción y la desigualdad seguirán siendo aplazados. Lo anterior no significa que deban entregar las armas y ya, pero la situación no está a favor del ELN. Tampoco será la mejor situación para Colombia si Santos cumple su cometido, ya que quien pierde con la extensión del conflicto armado es la gente.

¿Gobierno de transición con el Partido de la U y el Partido Liberal?

Las FARC le apuestan a un gobierno de transición para implementar el Acuerdo de la Habana 2.0. En otras palabras, lo del socialismo queda para el mediano y/o largo plazo, supongo yo. No les juzgo, creo que es algo realista en la situación actual, pero nada audaz. También creo que la propuesta del gobierno de transición pasa por no querer reconocer de manera autocritica y pública las fallas que tenemos dentro de la misma izquierda, y por las cuales nos estamos pareciendo demasiado a la derecha: ¿es posible un gobierno de transición para una Colombia Nueva con el Partido de la U y el Partido Liberal? Yo no lo creo, por lo menos no un gobierno respetuoso y digno para la ciudadanía, pero si un gobierno corrupto y neoliberal.

Lo anterior sin dejar de lado el hecho de que es muy difícil plantearse ser alternativa de poder con el terrorismo de Estado tan vivo. Pero como siempre, y hablo soñando con los pies bien puestos sobre la tierra, no es imposible; aunque suene a frase de cajón, falta unidad real, no la de la bandera y la sopa de siglas. Falta juntarnos por lo que nos une y dejar a un lado la necedad de que solos lo lograremos.

Falta entender que de nada sirve tener la razón, así podremos irnos a la tumba, muy orgullosos por no untarnos de fango; pero al final, lo que importa para cambiar este país es construir poder popular y conquistar poder estatal. La obligación de todo revolucionario es ganar, y venimos de décadas de estar perdiendo. Ya es hora.

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* Shameel Thahir Silva es politólogo y magister en Estudios Políticos Latinoamericanos de la Universidad Nacional de Colombia. Profesor universitario. Militante del Colectivo Zoolodistri, la Unidad de Procesos Populares de Bogotá y el Movimiento Político Marcha Patriótica. @ShameelThahir