La paz en el país del ´perder es ganar un poco´

Metáfora futbolera para entrarle con más soltura a la realidad, sin perder seriedad: esa es la propuesta que nos acerca Andrés Rojo, del colectivo de comunicación popular Zona Pública de Cali, en este ameno análisis.

Por Andrés Rojo*. Eso nos explicó, hace 20 años, el entonces DT de la selección Colombia, “Pacho” Maturana: que perder era ganar un poco. Hoy, en medio de una coyuntura de importancia histórica para el país, la filosofía futbolística del profe cobra total relevancia.

Esa podría ser la clave para desenredar la maraña causada por el triunfo del No. (A propósito: por estos días, no pocos colombianos estarán tras otra coyuntura que vivirá el país, cuando el jueves y martes próximos se jueguen nuevas fechas de las eliminatorias al mundial. Y Colombia jugará sin James).

El pasado domingo se perdió -realmente, se empató- un partido que se daba por ganado. Incluso se auguraba una goleada histórica, por lo histórico de lo que se había puesto en juego. El resultado final ya todos lo sabemos, aunque nadie sepa a ciencia cierta qué vendrá ahora. Apelando al maturanismo, podemos arriesgar una máxima optimista: perdimos, pero algunas cosas ganamos, sin embargo.

Veamos:

1. Dificultades por la banda izquierda

Entre los sectores más golpeados de esta disputa, claramente está la izquierda. Celebró antes de tiempo el #ÚltimoDíaDeLaGuerra y el #PrimerDíaDeLaPaz. Error de fundamento, pues si viéramos más fútbol deberíamos saber que los partidos se acaban cuando el árbitro da los tres pitazos. Hubo desconexión en el equipo propio (ese seleccionado complejo que debería representar a todas las fuerzas del pueblo) y triunfalismo.

Ahora menester cambiar el juego por esa banda. La legitimidad de la izquierda colombiana está gravemente lesionada al no haber logrado, en principio, convocar; y de segundo, convencer a grandes sectores de la población. Queda claro que ningún jugador puede pretender picar en punta solo -menos, confiar en que el adversario va a dejarle paso para la gambeta fácil-; este avance es de conjunto y con la gran participación del movimiento social, o no es. Y si no es, ya vemos, perdemos todos, nos jodemos todos.

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2. No alcanza con los que salieron a la cancha; la hinchada define, es el jugador número 12

Al igual que el partido, la abstención también fue histórica; el grueso de la sociedad tuvo la posibilidad de ser parte de un evento histórico y eligió no hacerlo.

Es un grave error despreciar la voluntad, o los motivos, de más del 60% de la población apta para votar. Hay que preguntarse el por qué de esa actitud ausente. Una clave seguramente esté en el vetusto, anquilosado, y -ese sí, despreciable- sistema electoral colombiano: la “democracia más sólida de América Latina”, o no es tan democracia, o algo pasa ahí. Cosa ya sabida y que no se descubre apenas ahora: en Colombia históricamente hay un 60% de la población que no acude a los escenarios de votación. Que no copia ni elección de mandatarios, ni de bienvenida a la paz.

3. Por cómo se dispuso el partido, los goles están en el banco

Conocida la derrota, muchos volvieron la mirada al banco: el campo popular parecía darse el lujo de ´Acordar la paz´ sin instancias plenas de protagonismo de la sociedad, cobró fuerza la propuesta de otros sectores que venían promulgando otras formas de participación en la construcción de la paz. El insistente grito que desde la mesa de paz del ELN se hacía promulgando participación de la sociedad en la construcción de los acuerdos, hoy es una necesidad que todos vemos clara.

Un Gran Diálogo por la Paz y una Mesa Social por la Paz, son espacios que plantean solución a las necesidades ahora evidentes para que, perdido el partido del año, al menos no perdamos el campeonato, ese que va a durar hasta que se aborden las cuestiones de fondo. Si queremos rearmar el equipo del campo popular, estas jugadas que se expresaron hace mucho rato y que recién hoy encuentran un mayor realce, deben comprometer a todo el plantel para llevarlas a cabo. Más aun cuando el principal rival, ya muestra sus intenciones de comprar al árbitro y burlar las reglas de juego.

4. El que no hace los goles, los ve hacer

Mientras por izquierda se jugó con buenas intenciones (y un poco de ingenuidad, acaso), el adversario atacó por derecha de la forma más rastrera y artera. Mientras unos hicieron campaña por redes sociales, los mayores promotores de la guerra utilizaron la lógica del país rezandero para promover la idea de un ataque al Sagrado Corazón. Lo de menos fue el acuerdo y la desmovilización, lo de más fue la idea de que el mal se cogería este país. (Como si no lo estuviera: hace 200 años en manos de la oligarquía que gestó y sostiene esta guerra, esa encarnación más cruda del mal).

Con todo, ese ataque y ese juego le dieron resultado al equipo de los más malos. Los del No tuvieron buenos atacantes en los pastores evangélicos de las megaiglesias, y mediocampistas astutos en los más lavados miembros del clero católico colombiano. Introdujeron ideas xenófobas en los sermones para dar eficacia a su misión. Mientras tanto, desde el movimiento social aún no encontramos la técnica para llegar a sectores del pueblo cuya realidad sola debería ponerlos en contra del modelo. Anotar los goles hoy significa ser capaces de despertar conciencias contra este sistema de explotación y ´gobernabilidad´, motivar dinámicas de participación popular, que se concreten en acciones capaces de cuestionar políticas antipopulares y, entonces sí por esa vía, ir en busca de la paz.

5. Juego limpio, por favor

El mayor temor ahora es que se regrese a un escenario que nadie quiere: la confrontación armada del Estado contra las Farc, a pesar de que esta guerrilla se mostró dispuesta a entregar las armas. Aún así, lo firmado y celebrado en Cartagena es algo ya avanzado y estipulado, no se puede desechar.

El gobierno se propone ahora a rearmar los equipos, y le ofrece a sus hasta ayer detractores un pacto de élites. Nada sería más sucio, no ya por el partido que se acaba de perder sino porque implicaría un nuevo golpe (¡uno más!) a la credibilidad entre los distintos jugadores que hasta ayer se proponían poder jugar el partido en paz.

La pregunta: ¿para qué se jugó ese partido, para qué se hizo el plebiscito?, hoy se vuelve más densa, pues sin una justificación jurídica no había ninguna necesidad de someterse a este riesgo. Ahora, un pacto de élites entre santismo y uribismo dejaría ver lo mañosa de esta clase oligarca. Con jugadores así, será difícil confiar en volver a jugar.

Nuevamente, la realidad arroja preguntas, la movilización social dará las respuestas.

PD: (Ojala sí pueda jugar James, y Colombia -la selección Colombia, al menos- nos permita una ilusión).

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* Andrés Rojo, integrante de Zona Púlbica – Cali,  https://www.facebook.com/zpublica