Teatro Errantes: “Un arte que no toma posición, traiciona su historia”

Desde las calles del barrio Altarmira el sol del atardecer puede verse pleno, ocultándose lenta y luminosamente tras los cerros de Bogotá. Estamos en la localidad de San Cristóbal, en los suburbios surorientales de la gran ciudad. En “la margen”, como llamará reiteradas veces durante nuestra charla a esta parte del mundo Fernell Verjel Cárdenas, autor y director de Las Viudas, la última puesta en escena del colectivo artístico-teatral Terrantes.

El nombre: Terrantes, y la imagen: dos pisadas de pies descalzos, grabados en una tabla que cuelga del techo de chapas a la entrada del portón lindante a una modesta cabaña de barrio, es la única identificación necesaria. Todos saben que allí está “el teatro”.

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Fernell puso a disposición parte del terreno de su casa para construir, junto al grupo de jóvenes estudiantes, una sala teatral que puede albergar hasta 50 personas (hecha “a pulsito, paso a paso y moneda a moneda”). Maderas de terminaciones rústicas definen las paredes, el escenario, las gradas… un ambiente cálido para el frío del anochecer suburbano.

Después de la obra, del debate entre los actores y el público, y de las empanaditas, dialogamos con el profe. Sobre el barrio y el país, el teatro y la responsabilidad social del arte, la necesidad de transformar y transformarnos. “Hay mucho trabajo que hacer en la base, es parte de la apuesta que Terrantes hace”, confirma.

Lanzas y Letras: ¿Qué es Terrantes, cuándo surge, por qué?

Fernell: Teatro Errantes es un proyecto que surge en medio de la comunidad, de Altarmira, en la localidad San Cristóbal aquí en Bogotá. Lo que busca es posibilitar un espacio para que la voz de la margen de una ciudad como Bogotá empiece a hacerse escuchar. La voz juvenil, la voz de los muchachos… Esta ciudad se caracteriza, a pesar de lo que digan los medios, por esa permanente invisibilización de esas voces. A la marginalidad todavía le falta cobrar mucha fuerza para hacerse sentir. En ese contexto el Teatro Errantes plantea un punto de encuentro para poder mirarse, revisar historias personales, historias locales.

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LyL: Cuando presentó la obra usted mencionó que estos territorios están amenazados. ¿Cómo se puede resistir esas amenazas desde el teatro?

F.: Hay que buscar siempre nuevas formas, ¿por qué estos formatos? Porque necesitamos convocar. Estamos en tiempo donde los muchachos están siendo llamados por los medios, por el mercado, por la comercialización de la juventud, y de alguna manera el teatro pudiera ser atractivo, en tiempos donde la tecnología quisiera robárselos. El teatro, el arte, la palabra… Las formas tradicionales de lucha deben reformularse, no estoy diciendo que no funcionen, pero debe buscarse la reinterpretación del momento. Esas resistencias hay que hacerlas… En América Latina hemos hecho unas resistencias que parece que fueran hacia afuera. Esas resistencias en algunos casos se han ido quedando como en la fachada. Son fachadas, por eso se ha debilitado el movimiento sindical, por eso se han debilitado los ejercicios de partidos políticos de izquierda.
El teatro que hacemos nosotros lo respetamos como arte. Porque el teatro tiene su ser, en si mismo.. Pero los colombianos, los latinoamericanos no podemos darnos el lujo de hacer arte por el arte, nosotros reivindicamos la función social del arte. Allí es donde el teatro nos ayuda.

LyL: Hacen un arte vinculado al movimiento social…

F: Claro, es un arte vinculado al movimiento social, un arte que para nada es neutral. Lo podríamos llamar imparcial, en cuanto a la reflexión, en cuanto a la crítica y la autocrítica, pero para nada neutral. Un arte que no toma posición en América Latina es un arte que de alguna manera traiciona su historia.

LyL: ¿Cómo ve en Colombia, en este momento, las distintas expresiones que desde el arte buscan ser parte de ese compromiso social?

F: El arte ha sido permeado por algunas políticas públicas que promueven el show, el café-concierto, la puesta en escena que divierte pero que no tiene contenido de fondo, un show comercial. Ostentamos el Festival Iberoamericano de Teatro, que lamentablemente cada vez está más lejos del sentir nacional. Es un festival que si bien nutre el país con unas puestas en escena hermosísimas, también es cierto que para nada se acerca a la realidad, al sentir del país. Los grupos de teatro alternativo intentan, buscan, pero todavía seguimos como islas, seguimos muy atomizados. Allí es donde hay mucho trabajo por hacer. Esta salita que vieron hoy está en la margen, convoca a 40, 50 personas. Necesitamos muchas más salitas, que hagan un cuerpo teatral nacional. Tenemos grupos de teatro muy responsables con la historia del país, como La Candelaria… responsables, muy respetuosos, y que desde el principio fundaron una apuesta para nada neutral y con una posición muy clara; pero falta que se haga un gran cuerpo social nacional que ayude a empujar esto.

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LyL: ¿Cómo se imagina el Teatro Errantes dentro de 10 años?

F: Fijate que Errantes, como Corporación, hasta diciembre pasado tenía un director, viejito, digo… era yo. Entonces me surge la pregunta: bueno, este proyecto como tal, ¿hasta cuándo va a durar? Porque suele pasar que algunos proyectos, cuando tienen nombre propio, duran hasta que dura la persona, y ahí se caen. Basados en eso, la decisión fue soltar la dirección. Si usted quiere que Terrantes trascienda, usted tiene que soltar la dirección, para que no sea Fernell quien empuje Terrantes, sino que Terrantes ande por sí mismo. Y allí es donde surgen entonces nuevos liderazgos. Ahora estamos estrenando director. Fijate que este año se ha oxigenado mucho la cosa. Yo sigo allí, como viejito pensionado, entonces me encargo de una sola tarea que es dirigir la obra, pero todo el ejercicio de la corporación, la dinámica de comunicación, el empalme con las organizaciones, el acudir a los llamamientos, ya lo están haciendo los muchachos. En esa línea, la parte teatral va también a evolucionar. Hoy usamos el teatro como un pretexto, y lo usamos con respeto, sin ir a convertir esto en un panfleto. Yo creo que dentro de diez años tendríamos nuevos actores y muy buenos dramaturgos, porque estamos haciendo la escuelita.

LyL: En el diálogo con los espectadores, después de la función, hubo quienes opinaron que la obra despertaba angustias… ¿No ve el riesgo de que pueda transmitir cierta idea negativa, de desesperanza, una obra que problematiza de tal modo la coyuntura de paz?

F: Los colombianos hemos caminado los últimos 60 años en la cuerda floja de la desesperanza. Eso es real. Que los medios nos han pintado otra cosa, también es cierto. Hay una permanente negación de la realidad. No es que querramos promover la desesperanza, sino el aterrizaje… pongamos los pies en la tierra. Cuando hay que salir a defender el territorio, el agua, el presente y el futuro de la cultura campesina de este país por naturaleza campesino, cuando hay que salir a defender la vida misma, entonces ahí nos cuesta, porque la cosa toma un aire de subversión, de malo, de caca y de pecado, de satanización. Reclamar se ha vuelto pasado de moda, nos lo están haciendo ver así. Fijate que con estos diálogos que se están desarrollando en La Habana, nos los venden como algo espectacular… Y a mí en lo personal me causa miedito. porque ya vimos la experiencia del EPL, y de la UP… Entonces es aterrizar y decir: vamos a hablarnos claro, vamos a hablarnos de frente al país.

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LyL: Los actores que presentaron esta obra no son profesionales, tienen otros oficios, y además actúan. ¿Ese es un objetivo premeditado, que emparenta a Terrantes con la tradición del teatro del oprimido, del teatro popular, o les gustaría profesionalizarse?

F: Qué buena la pregunta, te lo agradezco mucho. A mí se me ha criticado por ser medio profano del arte teatral… Yo creo que el teatro es un oficio, como el del carpintero, el de quien hace mesas, puertas.. Yo no lo veo tan de profesión como lo quieren hacer ver, sin embargo hay universidades que profesionalizan ese trabajo. Para ser actor lo que se necesita es estar en la escena. Uno no es actor con el título, hay muchos buenos actores que han estudiado e ido a las grandes academias, pero otros no, y son excelentísimos actores, porque la esencia del teatro es lo que posibilita que si estás en la escena, sos actor. Sí vamos en el perfil del teatro del oprimido, que es una visión sociocrítica. Esa visión se nos nutre desde Paulo Freire, ese es nuestro profeta. Pero no nos clasificamos con la etiqueta de teatro del oprimido, no. Teatro. Porque también esas clasificaciones confunden. Los chicos ensayan tres, cuatro horas diarias. Ensayan sus textos, hacen talleres, formación, una de las niñas empieza su licenciatura en artes este año, otros lo harán por otro camino. El teatro, para nosotros, no es el horizonte como tal, es un medio.

LyL: Es la segunda obra de Terrantes que mantiene la temática del conflicto; Edgardo, uno de los actores, decía que ojalá pudieran abordar otros temas. ¿Cuáles?

F: Eso está en la dirección de para dónde va el país. Nosotros no montamos estos textos porque estemos fascinados con el tema del conflicto. Es lo mismo que le sucede al médico, a él no le fascina la mala salud, la esencia del médico es que no haya mala salud. Nosotros no es que nos guste el tema como tal, sino que es un compromiso en estos momentos. No podemos darnos el lujo de distraer a la gente por el camino de la enajenación. Tampoco queremos entrar en el ejercicio del adoctrimaniento, no es eso… Es un teatro con compromiso. Otros temas, bueno, hay un mundo para eso, qué lindo fuera que pudiéramos hacer textos más psicologistas, más filosóficos, u otro tipo de humor, sería lindo… Pero nosotros no estamos en estos temas porque nos guste, sino porque consideramos que es necesario en la margen. Estamos ahorita cocinando la idea de montar otro texto, que ya no sería producción de nosotros sino de otra persona que escribe muy lindo, y que posiblemente daría qué hablar en un tema no tan nacional sino sobre lo que nos está pasando con esto de la doctrina de seguridad, y cómo ahora te echás un pedo y ya sos terrorirsta, cómo ahora pensaste y sos peligroso. Pero las últimas dos obras, Por algo sería y Las Viudas, lo que intentan es rescatar que ese personaje llamado Nicolás, que representa la población civil, en este momento del país no está siendo protagonista. Estamos hablando de unas negociaciones del conflicto armado, sin embargo no nos están diciendo que ese conflicto armado es la consecuencia de un conflicto social.

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LyL: Estamos en un teatro construido desde abajo, una apuesta independiente. ¿Les gustaría recibir financiamiento del Estado?

F: Sería ideal que el Estado permitiera la libre expresión, real. Nosotros aquí nos hemos hecho a pulsito, paso a paso y moneda a moneda. No le debemos nada a ninguna entidad oficial, no porque querramos estar divorciados sino porque nos da miedo que a la hora que ellos pongan el dinero también pongan las condiciones. Si hay una oportunidad de que el Estado respete la producción intelectual, estética, artística, y le abone a eso, no hay problema. Pero si pone condiciones ideológicas, ahí la cosa se complica. Por eso es que hemos sido medio celosos con eso, no es que no querramos, de hecho necesitamos.

LyL: Hay iniciativas desde la sociedad para buscar diálogos con el Estado que no se agoten en las mesas de las insurgencias. ¿Terrantes es parte de alguna de ellas?

F: Sería muy bueno que tuviéramos la oportunidad de participar. En estos barrios nuestros, los muchachos tienen que estar cuidando la vida día a día. La cosa es muy complicada. Ellos aquí se empandillan y se matan entre ellos, abrimos comillas, ´por defender el territorio´: primer autogol. Pero además encontramos adultos de nuestra comunidad, muy cristianos y de ir a misa, diciendo: ´hay qué maravilla, cuando lleguen los rayas esto se compone, profe´… Los rayas, o sea, los equipos de limpieza social, que es un nombre horrible, equipos de eliminación social.. y son los que van a misa todos los domingos: otro autogol. Entonces los muchachos tienen que defender su vida del que viene a eliminarlos, y aún así resultan mantándose con el otro por una esquina; hay mucho trabajo que hacer en la base, eso es parte de la apuesta que hace Terrantes. Si uno quiere hacer turismo sociopolítico en Bogotá, uno podría estar todo el año con la agenda llena: seminarios, reuniones, congresos, todo el año… ¿Y el trabajo de las bases? ¿El trabajo real, que hay que caminar en la comunidad? Tenemos un trabajo grandísimo que hacer en el tema de mujer y género, en materia de reivindicación de la posibilidad de volver a ser ciudadanos, porque se perdió eso: cuando uno se para en la puerta de un hospital usted no es ciudadano, es un cliente. Eso de recuperar la ciudadanía es una tarea grandísima. Para eso hay que darle la cara y hacerle la lucha a toda esa plataforma neoliberal. Uno no lo plantea así porque resulta ese discurso remanido de la resistencia… Díganle viejo, díganle remanido, pero es así.. Si el hambre no pasa… El estómago no sabe de ideología, no sabe de política…

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LyL: ¿Les gustaría contar con una sala de teatro céntrica, o están bien acá?

F: Parte de nuestra esencia es la margen. Por eso es que la sala de teatro que soñamos tiene que estar en estos lugares, si no está en la margen, nos hacemos autogol.

RECUADRO

Vernell

Fernell Verjel Cárdenas (47 años) es profesor, licenciado en Ciencias Sociales por la Universidad Libre de Colombia, dramaturgo y poeta, con estudios de filosofía en la Universidad de Santo Tomás y en Guadalajara, México; allí debió exiliarse en 2002 tras la arremetida paramilitar que azotó su pueblo natal, en Ocaña, Norte de Santander, donde trabajaba en educación con jóvenes en la Secretaría de Cultura y Derechos Humanos “pero sin mencionar nunca las palabras derechos humanos”, a pesar de lo cual fue perseguido y tuvo que salir del país. De su época de exilio son las obras Por algo sería y Las viudas, que puso en escena el colectivo artístico y teatral que impulsó a su llegada a Bogotá. Regresó al país en 2007 y se incorporó como profesor en el colegio Altamira Sur Oriental; allí propuso a sus estudiantes el proyecto Terrantes, que comenzaron a construir en 2008. Hoy Fernell ya no es director de la corporación, como parte de un proceso formativo y delegativo hacia los miembros más jóvenes del grupo.