Democracia y paz en Colombia: canto de sirenas

Por Luis Alberto Carmona Sánchez* [Lanzas y Letras N°30]. En el presente escrito sustentaré la siguiente idea: si los sectores progresistas del país pretenden la superación real de la pobreza, la inequidad y la injusticia de los colombianos, y si acordamos que la democracia representativa es el soporte político de una economía que promueve la pobreza, la inequidad y la injusticia, entonces, estos sectores para cumplir con su propósito, tendrán que transformar las relaciones de poder con el gobierno al margen de las posibilidades de participación política que le otorga la democracia representativa. 

Como será expuesto, los diálogos de paz en la Habana son un esfuerzo por fortalecer y ampliar la democracia, como mostraré con base en el Segundo Acuerdo. Participación política, lo que debería poner en alerta a dichos sectores.

Capitalismo: multinacionales y pobreza en el mundo

En un informe de Oxfam del año 2015 se muestra la realidad en cifras: “en 2014, el 1% más rico poseía el 48% de la riqueza mundial, mientras que el 99% restante debía repartirse el 52%. Prácticamente la totalidad de este 52% está en manos del 20% más rico de la población mundial, de modo que el 80% restante sólo posee un 5,5% de la riqueza mundial.” (2015, 2). Para el mismo año se conocía que “los más ricos han visto aumentar su riqueza desde un 44% en el 2009 a 48% en el 2014.” (El Tiempo, 2015).

Esta realidad es consecuencia natural de una economía que se soporta sobre la base de la privatización de empresas nacionales, la expropiación de tierras a campesinos y de inmuebles a asalariados, la extracción de recursos naturales, la precarización laboral, la apertura de mercados capitales, la mercantilización de la salud y la educación y la lumpen-academización de las humanidades.

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Para esto, la economía capitalista se impone con sus pocas y potentes empresas multinacionales. Potentes en varios sentidos, entre los que señalo algunos siguiendo el orden que presenta GreenPeace: en la difusión de la idea que generan empleo en la región donde ingresan, cuando lo usual en su proceder es la compra de activos de entidades existentes; en la reducción significativa de costes y mano de obra; en la pérdida de derechos laborales y su creciente precarización laboral a causa de la subcontratación de trabajadores; en la evasión de pagos fiscales e imposición de medidas políticas a los gobiernos.

El autor Van den Eynde (1999) muestra que el 80% de las multinacionales más importantes en el mundo proceden de los siete países con mayor potencia financiera (grupo del G-7). Datos que muestran el monopolio económico mundial, y la eliminación de mercados nacionales a causa de la alevosía de los gobiernos.

Esta breve fisonomía de la economía capitalista, a partir de los rasgos de las multinacionales, pone en evidencia que los países que se rijan con este tipo de políticas económicas no ofrecen condiciones económicas ni políticas para superar la pobreza de renta como tampoco la debida a la privación de capacidades. (Sen, 2000).

Curso del proceso de paz en La Habana: el capitalismo

La dinámica capitalista ha anidado de manera importante en Colombia, entre otras razones por ser la democracia más antigua del continente. Capitalismo y democracia en Colombia son un binomio de inhumanas consecuencias.

Centraré mi atención en presentar unos breves rasgos del actuar capitalista en Colombia al tiempo que se discute la paz en la Habana, lo que asumo como el curso real del proceso de paz. Otros hechos que se suelen referir solo son parte del anecdotario: 27 de septiembre de 2010, presidente Santos radica personalmente el Proyecto de Ley de Víctimas; reconocimiento del conflicto en Colombia por parte del Presidente Santos; primer encuentro entre delegados del Gobierno Nacional y las FARC-EP el 23 de febrero de 2012… 06 de noviembre de 2013 firma del Segundo Acuerdo sobre participación política. Desde luego son hechos relevantes, en especial para la historiografía colombiana, pero para efectos de la historia dialéctica del país cuentan son las bases reales sobre las que se soportan estos hechos.

Me referiré especialmente a las actuaciones de las multinacionales en el país, como forma indirecta de presentar la debilidad del mercado interno colombiano y la ausencia de administración de justicia, condiciones vitales de un verdadero Estado y no simplemente de un gobierno que olvida administrar la res pública.

La evasión de pagos fiscales por parte de las multinacionales, y eso mientras los gobiernos agilizan las Reformas tributarias para ponerlos dentro de la legalidad, es clara. En Colombia una multinacional minera paga idéntica tasa de impuestos que los pequeños mineros, debido a que ambos tienen concesiones de 2.000 hectáreas o menos. Es el caso de AngloGold Ashanti (AGA), empresa que en el municipio de Tadó, departamento del Chocó, solicitó 13 concesiones de 2.000 hectáreas, en lugar de una sola concesión de 26.000 hectáreas. Con la Ley 1607 de 2012 o Reforma tributaria, se estrechan más los lazos entre capitalismo y democracia. Vence el capital sobre el trabajo. La tarifa de impuesto a la renta de las empresas pasó del 33% al 25% a partir de 2013, además de la exención del pago del 13,5% de su nómina por concepto de parafiscales al Sena y al ICBF.

En materia de seguridad a la sociedad civil las multinacionales han sido protagonistas. En el año 2011 “afiliados a la USO registraron 49 detenciones, 2 desapariciones, 6 secuestros, 8 atentados, 9 heridos, 25 asesinatos y 68 amenazas de muerte” (CINEP, 2012). Ninguna novedad, desafortunadamente, ante los antecedentes de empresas como Chiquita Brand y su filial Banadex en el país, de Dole y Drummond. Cabe recordar que similar situación vivió la República Democrática del Congo cuando AGA financiaba grupos paramilitares, según confesó Iribi Pitchou Kasamba en el año 2005 después de haber sido detenido en Kinshasa.

El desplazamiento forzado es otro renglón importante escrito por las multinacionales. Se estima que en el 2012 había 259.146 personas desplazadas, según datos de la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (Codhes, 2012). Desde el año 2009 la Corte Constitucional señaló el concubinato megaproyectos extractivos-desplazamiento: “aparentemente, algunos actores económicos se han aliado con los actores armados irregulares para generar, dentro de las comunidades actos de violencia que eliminen o desplacen, despejando así el camino para la implementación de estos proyectos productivos.” (El Espectador, 2013).

Como un baile sincronizado se mueven las multinacionales y la pobreza en Colombia. Se estima que “el 10 por ciento más rico de la población se queda con la mitad del PIB mientras al 10 por ciento más pobre apenas le caen de la mesa las migas del 0,6 por ciento del PIB.” (Semana, 2011).

El actuar de las multinacionales, con la complacencia del gobierno, ha logrado la privatización de empresas estatales, entre las que se destacan la del Banco Popular en 1996, Electricaribe en 1998, Ecogas en 2006, y decenas de ventas más como acto previo a la ejecución de la mayor privatización del patrimonio público, tras vía libre dada por el Congreso de la República (Ley 1118 de 2006): la enajenación del 20% de la estatal petrolera Ecopetrol.

Hoy el país se conmociona con la venta de Isagen por parte del Gobierno Nacional a la empresa canadiense Brookfield Asset Managemente por 6 billones 486.126 millones, 867.710 pesos, lo que representa el 57,61% de la empresa energética (1.570´490.767 acciones adquiridas). En el pasado reciente se ha conmocionado por la privatización de la salud y la educación.

Respecto a la educación los datos no son menos alarmantes. En la capital de la República existen 7 universidades públicas y 54 privadas; en Antioquia 7 públicas y 48 privadas; Valle del Cauca cuenta con 6 públicas y 25 privadas, mientras Chocó con 1 pública y 2 privadas. Gutiérrez Girardot concebía la universidad privada como una contradicción en los términos, lo que para el capitalismo es tan solo una condición del mercado y para la democracia la libertad de elegir la compra de la formación.

Nada de lo anterior sería posible sin la consolidación de la democracia. El aumento de la pobreza y de la desigualdad en un país, en Colombia para el caso, es indicador de la efectividad que tiene su democracia. La democracia no resuelve las contradicciones de la sociedad, las anestesia.

El curso que ha seguido los diálogos de paz en la Habana, insisto, ha sido en el marco de la economía capitalista y la democracia. A continuación, presentaré los rasgos generales de la democracia representativa para aclarar su relación con lo expuesto sobre la economía capitalista.

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 La democracia como garante de la economía capitalista

La democracia representativa es la máxima garantía efectiva de los privilegios de clase. Más democracia representa para la clase política y económicamente más fuerte, o la única fuerte, mantener la administración del poder en el gobierno a favor de sí misma.

Esta concepción se sustenta, como se ha sugerido, en el papel determinante e impositivo de la economía sobre la esfera política, hasta el punto de ver con nitidez que la economía capitalista se da a sí misma el tipo de gobierno que necesita, a saber, el democrático. Para tal propósito, el mercado dicta las políticas a los gobiernos, tales como elevar tasas de interés, bajar impuestos sobre los ingresos altos, abolir controles sobre flujos financieros, crear niveles masivos de desempleo, impedir protestas sindicales y cortar gastos sociales. (Anderson, 1997).

Lo esencial de la democracia es su aparente paradoja, la que termina por ser su estrategia. Ampliar los marcos de actuación de las diversas expresiones políticas para obtener una mayor homogeneización en este campo. Es decir, la oposición que se haga a la clase administradora del poder en el gobierno, en una democracia, es una creación misma del administrador del poder. La democracia fija las reglas bajo las que podrá actuar la oposición. Este es un rasgo sobresaliente de la democracia representativa. “La democracia, que nace para garantizar privilegios, logra que los “ciudadanos” consuman la parte de preocupación por el bien común que se le subsidia.” (Carmona, 2015, 186).

En este sentido, afirmo que la democracia nos permite jugar al hombre-político, al tiempo que la economía capitalista nos recuerda asiduamente que antes que nada somos hombres-trabajadores. Tocqueville (1985) notó este rasgo de la democracia al decir que “en tiempos democráticos, la vida privada es tan activa, agitada, llena de deseos y trabajos, que a los hombres prácticamente ya no les queda energías ni tiempo para la vida política” (244).

El gobierno se esfuerza por garantizar la participación política del individuo como opositor, simplemente porque sus efectos no ponen en riesgo su poder. Al moverse la oposición con el propósito de reivindicar derechos, y no con el de disputar el poder, el gobierno no tiene de qué temer.

En términos de Burdeau (1959) lo que se obtiene es una democracia formal, en la que el gobierno se reduce “a instituciones que no son democráticas más que políticamente (…) Sin duda el Estado democrático burgués somete el ejercicio de la función pública al control de los gobernados.” (70). El gobierno democrático representativo controla ser controlado.

Colombia aspira a ser democrática, realmente más democrática con la “firma de la paz”. A continuación, presentaré la idea de democracia que se lee en los diálogos de paz, particularmente en el Segundo Acuerdo sobre participación política.

La idea de democracia en el Segundo Acuerdo

En el Acuerdo General se afirma que “es importante ampliar la democracia”, mientras en el Segundo Acuerdo que “la firma e implementación del Acuerdo Final contribuirá a la ampliación y profundización de la democracia.” (1). Quiere esto decir que la participación política de los sectores que se opongan al gobierno será garantizada y ampliada, desde luego, por el gobierno mismo. Para esto, en el Segundo Acuerdo se definen las garantías políticas con que contará la oposición, y más concretamente, “el nuevo movimiento que surja del tránsito de las FARC-EP a la actividad política legal”. (5).

Los opositores al gobierno, en el marco de la democracia representativa, terminan por ser reducidos a “agentes de control”, sintiéndose que gobiernan, como advierte Sartori (2009), solo cuando votan. “La democracia en la sociedad clasista es el empobrecimiento de la participación del ciudadano a simple veedor del gobierno”. (Carmona, 2015, 189). El Segundo Acuerdo es claro en este asunto: “la participación ciudadana (…) es un pilar fundamental de la construcción y el buen funcionamiento de la democracia.” (7).

El ambiente amplio de participación política y sus correspondientes garantías, referido en el Segundo Acuerdo, no representa novedad alguna, excepto que se coloca especial énfasis en que se hará “dentro de un marco de reglas democráticas” (5). Dentro de un marco de reglas democráticas funciona el país hace décadas, especialmente en las tres últimas. La democracia se fortalece más en la medida que la disputa del poder no sea el asunto en cuestión. Quién ostenta y ostentará la administración del poder en el gobierno no ha sido parte de la agenda de las negociaciones y no lo hará, además porque si ese fuera el propósito, entonces, todo diálogo sería baldío.

Parece ser que los diálogos de paz en la Habana prometen dinámicas políticas nuevas, sobre todo favorables a la oposición, pero el escepticismo reluce cuando los cambios se dirigen hacia el fortalecimiento de la democracia. Deseamos y necesitamos cambios en la política, la economía, la salud, la educación…pero si es la democracia quien los promete, de antemano podremos saber los resultados: perpetuación de lo mismo. La democracia bien sabe que, si quiere que el orden de la economía y la política continúe igual, a favor de la clase que administra el poder en el gobierno, solo tendrá que “cambiarlas”, y los diálogos de paz prometen muchos cambios. Es lo que denomino democracia lampedusiana.

Se aproxima el fortalecimiento de la democracia, de la democracia institucional y ordenadora con la firma del Acuerdo Final en la Habana. Y con ello, se impondrá la ausencia de una sociedad civil dedicada a los asuntos públicos, debido al permiso que le continuará otorgando el gobierno para que se constituya en oposición, porque no en factor real de poder. Galli (2013) expresa que “el gran ausente de la democracia moderna es el pueblo, ya que sólo aparece como instancia originaria, constituyente y legitimadora de las instituciones.” (41).

Si la pobreza y la inequidad sobresalen en el mundo actual de la privatización, es gracias a que el sistema capitalista encuentra un garante efectivo en la democracia, y Colombia cuenta con muestras claras de ello. Isagen,¡Requiescat in pace! 

En conclusión, de acuerdo a la relación expuesta entre economía capitalista y democracia representativa, relación que ha determinado el curso y que define las perspectivas de la realidad colombiana en el marco del proceso de paz en la Habana, no funciona adoptar una posición crítica sobre el sistema capitalista al tiempo que se le reclama mayor democracia.

La idea de democracia a partir del Segundo Acuerdo, y como he tratado de mostrar, es compatible con la sociedad clasista que administra el poder en el gobierno solo a favor de los privilegios como clase. La relación economía capitalista y democracia es de mutua dependencia.

Lejos está la democracia, de acuerdo a lo planteado, de ser sinónimo de justicia, equidad, bienestar y prosperidad. La democracia repele con la justicia, la equidad… Es por ello que en la Habana no se encontrará solución a los problemas de pobreza, inequidad ni injusticia del país. Lo que se obtendrá es una solución de carácter político al conflicto armado. Por su parte, el papel de las multinacionales en el país, la privatización de las empresas “estatales”, la contradicción capital-trabajo, los TLC, el modelo económico, la mercantilización de la salud y la educación, y menos aún el alto costo de los libros comparado con el de las bebidas alcohólicas, no se discute en la Habana.

El conflicto armado no logró modificar las relaciones de poder, menos lo logrará ahora con la firma del acuerdo de paz, de ser este su propósito, pero es evidente que no. Firmada la paz, todos los sectores progresistas del país acudirán a un reto histórico: transformar las relaciones de poder cambiando forma y contenido de la política: la democracia, y el sistema económico: el capitalista. Los sectores progresistas están enfrentados a un fuerte canto de sirenas democrático; resistir el canto es su labor, y para ello deberán comenzar por reconocer que la democracia legitima una economía que se sustenta sobre la base de la pobreza de la mayoría de la población. El reto actual es cambiar el paradigma de la democracia, lograr que la sociedad civil se constituya en verdadero factor real de poder y no en consumidor de derechos.

El canto de las sirenas de la democracia suena y dice: la pobreza es inevitable y el capitalismo “una obligación moral”. ¡Oídos de todos los colombianos. Tapaos!

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* El autor es sociólogo, magíster en Filosofía. luiscarmonasanchez@hotmail.com

Bibliografía

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–Burdeau, G. (1959). La democracia. Barcelona, España: Ariel.

–Carmona, L. A. (2015). Crítica a la democracia en el marco de los diálogos de paz entre el Gobierno colombiano y las FARC-EP. Ciudad Paz-Ando, 8(1), 180-192.

–Codhes informa. (2012). Boletín de la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento. Nº. 79. Bogotá-Quito, marzo.

–El Espectador. (2013). 7 de mayo.

–El Tiempo. (2015). 19 de enero.

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–Sartori, G. (2009). La democracia en treinta lecciones. Bogotá, Colombia: Taurus.

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–Sen, A. (2000). Desarrollo y libertad. Barcelona, España: Planeta.

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