De qué se trata el trabajo de edición de textos

“La buena edición ha salvado la mala escritura con más frecuencia de lo que la mala edición ha dañado la buena escritura”, define, tajante, Gardner Botsford, editor de la prestigiosa revista semanal norteamericana The New Yorker. En 2013 publicó un libro donde cuenta su experiencia periodística: Life of Privilege, Mostly (Generalmente, una vida de privilegio). 

The New Yorker, revista reconocida por la calidad de los periodistas y escritores que nutrían sus páginas, a principos de 1948 aumentó la cantidad de crónicas y reportajes. Para cubrir ese crecimiento apelaron a “escritores de segunda línea”, según los llama Bostford. Fruto de la experiencia de edición en esa etapa, concluyó las siguientes 5 reglas:

  1. Para ser bueno un texto requiere inversión de tiempo: por parte del escritor o del editor. Menciona Bostford: “Wechsberg [uno de los nuevos redactores] era rápido; por eso, sus editores tenían que estar despiertos toda la noche. A Joseph Mitchell [otro redactor, con más experiencia] le costaba muchísimo tiempo escribir un texto, pero, cuando entregaba, se podía editar en el tiempo que cuesta tomar un café”.
  2. Cuanto menos competente sea el escritor, mayores serán sus protestas por la edición. La mejor edición -dice Bostford- es la falta de edición. Los buenos cronistas se apoyan en los editores; no se les ocurriría publicar algo que nadie ha leído. “Los malos escritores hablan del inviolable ritmo de su prosa”, agrega, con sarcasmo.
  3. La tercera regla también cuestiona la pretensión y la autosuficiencia: “Puedes identificar a un mal periodista antes de haber visto una palabra que haya escrito si utiliza la expresión ´nosotros, los periodistas´”, dice Bostford, y se puede intuir su mueca de satisfacción al poner en su lugar a los redactores presuntuosos.
  4. Entonces Bostford se pone serio, y define: “Al editar, la primera lectura de un manuscrito es la más importante. En la segunda lectura, los pasajes pantanosos que viste en la primera parecerán más firmes y menos tediosos, y en la cuarta o quinta lectura te parecerán perfectos. Eso es porque ahora estás en armonía con el escritor, no con el lector. Pero el lector, que solo leerá el texto una vez, lo juzgará tan pantanoso y aburrido como tú en la primera lectura. En resumen, si te parece que algo está mal en la primera lectura, está mal, y lo que se necesita es un cambio, no una segunda lectura”.
  5. Bostford: “Uno nunca debe olvidar que editar y escribir son artes, o artesanías, totalmente diferentes. La buena edición ha salvado la mala escritura con más frecuencia de lo que la mala edición ha dañado la buena escritura. Eso se debe a que un mal editor no podrá conservar su función mucho tiempo, mientras que un mal redactor puede continuar para siempre. La buena escritura existe al margen de la ayuda de cualquier editor. Por eso un buen editor es un mecánico, o un artesano, mientras que un buen escritor es un artista”.

Nadia Fink, periodista y editora de distintas publicaciones independientes en Argentina, aporta su experiencia y nos da pie a definir una sexta regla:

  • La paciencia del editor y la impaciencia de quien redacta: “El editor o editora ejercita una paciencia enorme; el nuestro es un oficio silencioso y soliario, aunque a veces quien redacta se enoje o impaciente por las correcciones. El objetivo siempre es mejorar lo escrito por otros”, explica.

A estas reglas sumamos una, tal vez la más básica, que debería ser mencionada en primer lugar.

  • El o la redactora debe conocer el Manual de estilo o las Reglas básicas del medio para el que escribe, mejor que la palma de su mano. Si conoce esas pautas, y las respeta, evitará al menos el 80% del trabajo de edición sobre su texto.

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